Lo que antes era una excepción médica, hoy es una tendencia inquietante. Desde 2005, la mortalidad por cáncer colorrectal en personas menores de 50 años ha aumentado un 1.1 % anual.
Esta realidad cobró un rostro mundial esta semana con la triste noticia del fallecimiento del actor de Dawson’s Creek, James Van Der Beek, a los 48 años, apenas unos años después de la pérdida de la estrella de Black Panther, Chadwick Boseman, a los 43.
Oncólogos de instituciones como la Universidad de Georgetown admiten estar “sacudidos” por la aparición constante de pacientes en sus veinte y treinta años.
¿Por qué está ocurriendo esto?
Aunque no existe una causa única confirmada, la comunidad científica investiga tres frentes principales:
- El microbioma intestinal: Los cambios en las bacterias de nuestro intestino (disbiosis) debido al estilo de vida moderno podrían estar generando inflamación celular.
- Ultraprocesados y carnes: Dietas ricas en embutidos, carnes rojas y alimentos con procesos industriales, junto con la baja ingesta de fibra.
- Sedentarismo y obesidad: Factores que alteran el metabolismo y aumentan el riesgo de desarrollar tumores más agresivos.
La importancia de los síntomas (No los ignores)
El Dr. John Marshall es enfático: “Hazte revisar”. La supervivencia cuando se detecta a tiempo es del 80-90%, pero cae drásticamente si el cáncer se propaga. Los síntomas clave son:
- Sangre en las heces o sangrado rectal.
- Cambios en los hábitos intestinales (diarrea o estreñimiento persistente).
- Dolor abdominal o calambres frecuentes.
- Pérdida de peso sin razón aparente y anemia inexplicable.
| Momento del Diagnóstico | Estado del Tumor | Probabilidad de Supervivencia (5 años) |
| Detección Precoz | Localizado (solo en el colon) | 80% — 90% 🟢 |
| Detección Regional | Extendido a ganglios cercanos | 70% 🟡 |
| Detección Avanzada | Metástasis (otros órganos) | 10% — 15% 🔴 |
¿Cuándo empezar a revisarse?
Las guías médicas actuales recomiendan iniciar las pruebas de detección a los 45 años. Sin embargo, si tienes antecedentes familiares, enfermedades inflamatorias intestinales o síntomas persistentes, debes hablar con tu médico para adelantar estos chequeos.
La prevención comienza en el plato (y en el movimiento)
Aunque la genética juega un papel, adoptar hábitos saludables es nuestra mejor defensa. Reducir el alcohol (incluso en cantidades moderadas), limitar la carne procesada y realizar actividad física regular no son solo consejos de bienestar, son estrategias de supervivencia frente a una enfermedad que está cambiando las reglas del juego.