Cada 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, creado por la ONU para impulsar la participación femenina en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). En 2026, el lema es “Aprovechar las sinergias entre la inteligencia artificial, las ciencias sociales, las STEM y el sistema financiero”, con el objetivo de usar la innovación para cerrar brechas de género y no ampliarlas.
En este contexto, la figura de Mary Somerville cobra un sentido especial: fue una matemática y divulgadora escocesa cuya obra fue tan influyente que inspiró la creación del término “scientist”.
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De aprender en secreto a ser una voz de autoridad en ciencia
Nacida en 1780 en Escocia, Somerville creció en un entorno donde a las niñas se les ofrecía costura, no matemáticas. Con el apoyo de su tío y la biblioteca familiar, estudió por su cuenta geometría, álgebra y lenguas clásicas, hasta convertirse en una verdadera erudita en una época que no esperaba científicas.
Tras enviudar de un esposo que desaprobaba sus intereses, heredó independencia económica y se casó después con William Somerville, un médico que sí respaldó su carrera. Desde entonces se volcó a los trabajos de Newton y Laplace, ganó una medalla de la Sociedad de las Artes y empezó a publicar.
La mujer que tradujo el cielo… y ayudó a nombrar a las científicas
En 1831, Somerville publicó Mechanism of the Heavens, basada en la Mécanique céleste de Laplace. No fue una traducción literal: reorganizó y explicó el contenido para que estudiantes y profesores entendieran una física muy avanzada, y el libro se convirtió en texto de referencia en universidades británicas durante décadas.
Sus siguientes obras de divulgación, como On the Connexion of the Physical Sciences y Physical Geography, acercaron la ciencia a un público amplio y se tradujeron a varios idiomas. Al reseñar uno de estos libros, el filósofo William Whewell propuso el término “scientist” —en lugar de “man of science”— justamente para describir a Somerville, lo que se considera el origen del uso moderno de “científico/científica”.
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Romper barreras entonces y ahora
Mary Somerville también fue una defensora temprana de los derechos de las mujeres: fue de las primeras en apoyar el sufragio femenino y, junto con Caroline Herschel, se convirtió en una de las primeras mujeres Miembro Honorario de la Royal Astronomical Society.
Más de un siglo después, las cifras muestran que la brecha persiste: solo 31,1% de las personas investigadoras en el mundo eran mujeres en 2022 y apenas el 35% de los graduados en carreras STEM son mujeres, pese a que ellas se matriculan más en la universidad.
La UNESCO advierte que la falta de modelos visibles, la dificultad para conciliar familia y carrera y la escasa presencia en puestos de liderazgo siguen frenando el acceso a la ciencia.
En el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, la historia de Somerville recuerda que el talento puede florecer incluso cuando el sistema no está pensado para incluirte, y que ampliar los espacios para niñas y mujeres en STEM es clave para lograr una ciencia más justa, innovadora y representativa.