Adoptar algunos hábitos cotidianos puede ayudar a que el cerebro se mantenga más joven, incluso en personas que viven con dolor crónico, según un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Florida.
El concepto de “edad cerebral” se refiere a qué tan envejecido parece el cerebro en estudios de resonancia magnética (MRI), en comparación con la edad real de una persona. Los científicos descubrieron que quienes mantenían estilos de vida más saludables tenían una edad cerebral más joven, algo que también se observó en participantes con dolor crónico.
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En algunos casos, el cerebro de estas personas parecía hasta ocho años más joven que su edad cronológica. Los resultados se publicaron en la revista Brain Communications.
Dolor crónico y envejecimiento cerebral: ¿cuál es la relación?
Con el paso de los años, aumenta el riesgo de desarrollar dolor crónico debido al desgaste natural de articulaciones, músculos y tejidos conectivos. Enfermedades como la osteoartritis o la degeneración de los discos de la columna son causas frecuentes.
Aunque tratamientos como la fisioterapia, los medicamentos o incluso la cirugía pueden aliviar el dolor, la recuperación suele ser más lenta en adultos mayores y, en muchos casos, el malestar no desaparece por completo.
De acuerdo con datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, en 2023 el 24.3 % de los adultos reportó vivir con dolor crónico, y el 8.5 % afirmó que este afectaba su vida diaria y su trabajo. Además, el dolor persistente se asocia con problemas de sueño, depresión y estrés.
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Por otro lado, el envejecimiento también conlleva cambios en el cerebro. Estudios con resonancias magnéticas han demostrado que, con la edad, algunas regiones cerebrales se reducen y se producen modificaciones en la materia gris y blanca, lo que puede afectar la memoria y la velocidad de procesamiento.
El estudio: hábitos diarios y edad cerebral
Para profundizar en esta relación, los investigadores analizaron a más de 100 adultos de entre 45 y 85 años, seguidos durante un periodo de dos años. Los participantes formaban parte de un estudio observacional sobre dolor y riesgo de osteoartritis.
El dolor crónico se clasificó en una escala del 1 al 5, considerando factores como:
- Frecuencia del dolor
- Intensidad
- Duración
- Número de zonas del cuerpo afectadas
Además, se evaluaron hábitos de vida y factores psicológicos, como el consumo de tabaco, el perímetro de cintura, la calidad del sueño, el manejo del estrés y el nivel de optimismo. Con estos datos, los científicos crearon una “puntuación protectora”, donde los valores más altos indicaban estilos de vida más saludables y mejor bienestar emocional y social.
Cinco hábitos clave para un cerebro más joven
Los resultados mostraron que las personas con una puntuación protectora alta —incluidas aquellas con dolor crónico— presentaban una edad cerebral significativamente más joven desde el inicio del estudio. Dos años después, esta tendencia se mantenía, lo que sugiere que los hábitos saludables tienen un efecto duradero en la salud cerebral.
Los factores más importantes asociados con un cerebro más joven fueron:
- Dormir bien y mantener una buena higiene del sueño
- Mantener un peso corporal saludable
- Evitar el consumo de tabaco
- Aplicar estrategias eficaces para manejar el estrés
- Conservar relaciones sociales positivas y activas
Los investigadores subrayaron que estos hábitos parecían tener más peso que la gravedad del dolor en sí, y destacaron que muchos de ellos son modificables.
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Lo que dicen los expertos
El doctor Dung Trinh, internista y director médico de Healthy Brain Clinic, calificó el estudio como “convincente” por su enfoque práctico y por vincular factores cotidianos con medidas objetivas de envejecimiento cerebral. Sin embargo, aclaró que la edad cerebral es un marcador de riesgo biológico, no una garantía directa de prevención de demencia.
Por su parte, el neurólogo Hanul Bhandari destacó que el estudio replantea el envejecimiento cerebral como un proceso dinámico, influido por hábitos diarios y contexto psicosocial, y no solo como una consecuencia inevitable del paso del tiempo.
“Preservar la salud cerebral no solo apoya la memoria, sino también la independencia, la capacidad de adaptación y la calidad de vida a largo plazo”, señaló.
Un mensaje esperanzador
Aunque el dolor crónico se ha asociado previamente con un envejecimiento cerebral acelerado, este estudio aporta un mensaje positivo: los hábitos saludables pueden marcar la diferencia, incluso en contextos de dolor persistente.
Dormir mejor, cuidar el cuerpo, manejar el estrés y mantener vínculos sociales no solo mejoran la calidad de vida diaria, sino que también podrían ayudar a proteger el cerebro con el paso de los años.