La nueva dupla francesa conformada por Guillaume Cizeron y Laurence Fournier Beaudry aterriza en los Juegos Olímpicos de Milán como la gran favorita para colgarse el oro en danza sobre hielo.
Sin embargo, su dominio técnico camina sobre un hielo delgado: la pareja se ha convertido en el epicentro de una controversia que revive los peores fantasmas de abuso y malas prácticas en el patinaje artístico mundial.
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Una competencia abierta bajo una nube oscura
En Milán, la danza sobre hielo atraviesa un relevo generacional histórico. Por primera vez en décadas, ninguna pareja participante cuenta con una medalla olímpica previa en su palmarés, dejando el podio a merced de cinco duplas hambrientas de gloria.
- Cizeron y Fournier Beaudry: Líderes tras la danza rítmica y actuales campeones europeos.
- Madison Chock y Evan Bates (EE. UU.): Tricampeones mundiales que buscan consolidar su legado.
- El pelotón del bronce: Una lucha encarnizada entre los canadienses Gilles/Poirier, los locales Guignard/Fabbri y los británicos Fear/Gibson.
A pesar del despliegue de lentejuelas y precisión técnica, el ambiente en la arena está lejos de ser festivo.
El factor Sørensen: ¿Justicia o Jurisdicción?
El origen de esta nueva pareja francesa está ligado a la caída en desgracia de Nikolaj Sørensen, pareja sentimental y excompañero de Fournier Beaudry. En 2024, Sørensen recibió una sanción de seis años por “conducta sexual indebida” tras una denuncia de violación interpuesta por una exentrenadora estadounidense.
Aunque la sanción fue revocada recientemente por un vacío legal —se argumentó que los hechos ocurrieron cuando él competía por Dinamarca y no estaba bajo la jurisdicción canadiense—, el caso sigue en apelación.
Mientras tanto, Fournier Beaudry ha defendido a Sørensen en medios internacionales, lo que ha generado una ola de indignación entre las víctimas de abuso, quienes acusan a la patinadora de usar su plataforma para desacreditar testimonios legítimos.
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La ruptura con Papadakis: El fin del “idilio” francés
Por si fuera poco, Cizeron enfrenta sus propios demonios mediáticos. Su histórica pareja deportiva, Gabriella Papadakis, con quien alcanzó la gloria en Beijing 2022, rompió el silencio en sus memorias. Papadakis describe a Cizeron como un compañero “controlador y crítico”, revelando un entorno de acoso psicológico que la llevó a negarse a entrenar a solas con él.
Cizeron ha negado tajantemente estas acusaciones, calificándolas de “campaña de desprestigio”. No obstante, la fractura es total: Papadakis fue incluso retirada de las transmisiones de NBC para estos Juegos para evitar conflictos de interés, dejando claro que la tensión no es solo deportiva, sino profundamente personal.
Un deporte en crisis de credibilidad
El escándalo de la dupla francesa no es un hecho aislado. El patinaje artístico arrastra una inercia de impunidad:
- El caso Valieva (2022): El dopaje de la joven rusa y el trato “escalofriante” de su entrenadora, Eteri Tutberidze, quien hoy sigue presente en Milán con el equipo georgiano.
- El sistema francés: En 2020, la federación gala colapsó tras revelarse que altos directivos encubrieron agresiones sexuales sistemáticas.
“El patinaje combina elementos de alto riesgo: alianzas cerradas entre atletas y entrenadores, carreras que dependen del arbitrio de unos cuantos y una estética que normaliza el sacrificio emocional extremo”.
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Más allá del medallero
Mientras el Milano Ice Hockey Arena se ilumina para la gran final, la verdadera prueba para la Unión Internacional de Patinaje (ISU) no está en las calificaciones de los jueces. La pregunta es si el deporte puede sacudirse la cultura del silencio.
Para los aficionados y sobrevivientes, los resultados de Cizeron y Fournier Beaudry representan un dilema ético: ¿Es posible separar el arte de la conducta de sus protagonistas? En Milán, el oro podría brillar, pero el costo humano detrás de él sigue bajo escrutinio.