Muchas personas aseguran llevar una dieta saludable, pero ¿realmente comemos como creemos? La ciencia sugiere que no siempre. Recordar con exactitud lo que ingerimos, las cantidades o la frecuencia suele ser complicado, y por eso los cuestionarios alimentarios pueden fallar.
Hoy, una técnica sencilla abre la puerta a respuestas más objetivas: una gota de sangre puede revelar la dieta real que seguimos.
Cómo la sangre refleja nuestros hábitos alimentarios
Investigadores en nutrición de precisión han demostrado que una pequeña muestra de sangre capilar —obtenida del dedo— permite analizar el perfil de ácidos grasos del organismo. Estos biomarcadores actúan como una huella metabólica de lo que comemos habitualmente.
Un estudio reciente realizado en el centro tecnológico AZTI analizó si una pequeña muestra de sangre del dedo (dried blood spot o DBS) puede reflejar con precisión la dieta, especialmente el consumo de pescado azul rico en omega-3.
Los resultados mostraron que los niveles de grasas como omega-3 y omega-6 varían según los hábitos alimenticios. En particular, se observó una relación con el consumo de pescado azul, azúcares, ultraprocesados y grasas saturadas. Esto sugiere que el DBS podría ser útil para evaluar patrones alimentarios.
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Lo que revelan los ácidos grasos
El análisis permitió identificar distintos perfiles:
- Dietas altas en azúcares, refrescos y lácteos azucarados se asociaron con niveles elevados de omega-6 y bajos de omega-3, una combinación relacionada con mayor riesgo de enfermedad.
- Patrones con mayor consumo de pescado azul, nueces y alimentos fermentados mostraron niveles más altos de grasas saludables.
- Dietas mixtas, con verduras, cereales integrales y algunos lácteos, reflejaron valores intermedios.
Estos resultados confirman que la sangre no miente, incluso cuando nuestra memoria sí lo hace.
Cambios rápidos… y otros que toman tiempo
Uno de los hallazgos más interesantes es la rapidez con la que algunos marcadores responden a la dieta. Tras consumir pescado azul, ciertos omega-3 aumentan en cuestión de horas, mientras que otros necesitan semanas para estabilizarse.
Esto explica por qué adoptar hábitos saludables de forma constante es clave: no basta con comer bien unos días, el cuerpo necesita continuidad para reflejarlo.
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Una herramienta clave para la nutrición personalizada
Este método es rápido, poco invasivo y no requiere personal médico especializado. Además, permite evaluar si una persona sigue realmente un plan nutricional, algo especialmente útil en programas de prevención y salud metabólica.
En el futuro, este tipo de análisis podría convertirse en una herramienta habitual para diseñar recomendaciones nutricionales personalizadas, basadas en datos reales y no solo en lo que decimos comer.
Porque, al final, no importa tanto lo que afirmamos llevar al plato, sino lo que nuestra sangre revela.