La vida en la Tierra depende de la luz más de lo que solemos imaginar. No solo en la superficie: bajo el mar, la energía solar sostiene la fotosíntesis marina, base de la cadena alimentaria oceánica.
Sin embargo, científicos han identificado un fenómeno preocupante en el que el océano puede quedar prácticamente a oscuras durante días o incluso semanas, con consecuencias profundas para los ecosistemas.
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Un fenómeno reciente que inquieta a la ciencia
Investigaciones recientes han detectado episodios extremos en los que la claridad del agua disminuye de forma abrupta.
No se trata de un proceso gradual, sino de un apagón submarino repentino, capaz de bloquear casi por completo la luz solar que llega al fondo del mar.
Este fenómeno fue descrito formalmente por primera vez en enero de 2026 en la revista especializada Communicatios earth & environment, luego de analizar décadas de datos oceanográficos.
Hasta ahora, estas caídas drásticas de luz no contaban con una definición clara ni con herramientas precisas para medir su impacto.
¿Por qué el océano puede quedarse sin luz?
A diferencia del oscurecimiento progresivo del mar asociado al cambio climático, estos eventos ocurren de forma súbita. Entre las causas identificadas se encuentran:
- Tormentas intensas que remueven sedimentos del fondo marino
- Descargas masivas de material orgánico desde ríos
- Explosiones de plancton
- Arrastre de cenizas y tierra tras incendios forestales o deslaves
Todo este material queda en suspensión, formando una especie de “muralla” que impide el paso de la luz solar.
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Ecosistemas en pausa
Los más afectados son los ecosistemas que dependen directamente de la luz: arrecifes de coral, praderas marinas y bosques de kelp. Estos ambientes concentran una gran parte de la biodiversidad oceánica y funcionan como refugio y zona de reproducción para miles de especies.
Cuando la luz desaparece, la fotosíntesis se detiene. Sin ella, la base de la cadena alimentaria se debilita y el impacto se extiende a peces, mamíferos marinos y depredadores de mayor tamaño. Incluso apagones breves pueden alterar comportamientos, desorientar especies y reducir la capacidad de los ecosistemas para resistir otros factores de estrés como el calentamiento del océano.
Un problema que empieza en tierra firme
Aunque el efecto se observa bajo el mar, gran parte del origen está en tierra. La deforestación, la erosión del suelo y ciertos usos intensivos del territorio incrementan la cantidad de sedimentos que llegan al océano a través de ríos y escurrimientos.
En combinación con el cambio climático, estos factores aumentan la frecuencia e intensidad de los apagones oceánicos, un fenómeno silencioso que hasta ahora había pasado desapercibido.
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¿Por qué es importante haberlo identificado?
Nombrar y medir este fenómeno es un primer paso clave. Contar con datos claros permite integrarlo en modelos científicos y mejorar la capacidad de anticipar, monitorear y reducir sus impactos.
El océano sigue revelando amenazas que no siempre se ven desde la superficie. Algunas no elevan la temperatura ni cambian el color del agua durante años, pero pueden apagar la vida marina en silencio, de un momento a otro.