En la búsqueda por detener el paso del tiempo, hemos convertido a los suplementos en los nuevos protagonistas de nuestra mesa. Sin embargo, la ciencia lanza una advertencia: lo que crees que es tu “elixir de la juventud” podría estar profundizando tus líneas de expresión.
Puedes leer: 6 señales de “mini infarto” que tu cuerpo te manda antes de un EVC (y que no debes ignorar)
El umbral de la piel: El límite de las vitaminas A, C y E
Estas vitaminas son las reinas de la regeneración y la luminosidad, pero tienen un techo biológico. Cuando saturamos el organismo con megadosis que no necesita, el efecto se invierte:
- Oxidación celular: El cuerpo, al no poder procesar el excedente, entra en un estado de estrés oxidativo. En lugar de combatir los radicales libres, el exceso puede terminar dañando las células sanas.
- Piel “estresada”: Los dermatólogos advierten que una piel sobresaturada pierde elasticidad, se vuelve seca y rugosa, lo que facilita la formación de surcos y arrugas que no deberían estar ahí.
La trampa del “Más es Mejor”
El gran enemigo no es la vitamina, sino la automedicación. El consumo indiscriminado de suplementos sin un análisis clínico previo altera el delicado balance cutáneo.
- Dato clave: Una dieta equilibrada (como la que mencionamos para el cabello con aguacate, espinacas y nueces) suele aportar el 100% de los nutrientes necesarios. Los suplementos sintéticos deben ser el “refuerzo”, no la base.
Señales de alerta en tu rostro
Si estás tomando suplementos y notas estos cambios, podrías estar sufriendo de una sobrecarga:
- Sequedad extrema que no cede con cremas.
- Pérdida de luminosidad (piel con tono grisáceo o apagado).
- Aparición de surcos finos en zonas de poca gesticulación.
Otro tema de interés: ¿Los retinoides realmente reducen las arrugas?
Menos es, a veces, más joven
La clave para una piel radiante no está en el frasco más grande de pastillas, sino en el uso racional y supervisado. Centralizar tu nutrición en alimentos frescos y recurrir a suplementos solo bajo orientación profesional marca la diferencia entre un resplandor saludable y un envejecimiento acelerado por el exceso.


