El mundo ha entrado en una nueva etapa que los científicos ya no describen como una simple crisis, sino como una bancarrota hídrica global. Así lo advierte un reciente informe de la Universidad de las Naciones Unidas, que señala que la humanidad está utilizando el agua a un ritmo mucho mayor del que la naturaleza puede reponer.
A diferencia de una emergencia temporal, la bancarrota implica una condición estructural: incluso si se toman medidas de mitigación, muchas regiones deberán adaptarse a vivir con menos agua de forma permanente.
El 50 % de los grandes lagos del mundo han perdido agua desde principios de los años 90. Foto: cortesía Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH)
¿Qué significa exactamente “bancarrota hídrica”?
El concepto funciona de forma similar a una economía personal en números rojos. La naturaleza aporta “ingresos” de agua mediante la lluvia, la nieve y el deshielo, pero el planeta está gastando más de lo que recibe.
La sobreexplotación de ríos, lagos, humedales y acuíferos subterráneos —sumada al aumento de temperaturas y sequías provocado por el cambio climático— ha creado un déficit hídrico que sigue creciendo.
El resultado ya es visible: cuerpos de agua que se encogen, acuíferos en declive, terrenos que se hunden y un avance acelerado de la desertificación.
Según el informe Global Water Bankruptcy: Living Beyond Our Hydrological Means in the Post-Crisis Era, el mundo ha entrado en una etapa post-crisis en la que la sobreexplotación y la degradación de los sistemas hídricos han provocado pérdidas irreversibles del capital natural que sostiene el agua. México y Estados Unidos figuran entre los países donde este fenómeno ya es visible, con impactos estructurales en regiones como el suroeste estadounidense y el norte mexicano.
Las cifras que confirman el colapso
Los datos del informe son contundentes:
- Más del 50 % de los grandes lagos del planeta ha perdido agua desde 1990
- El 70 % de los principales acuíferos está en declive a largo plazo
- Una superficie de humedales casi del tamaño de la Unión Europea ha desaparecido en 50 años
- Los glaciares han perdido alrededor del 30 % de su volumen desde 1970
Incluso en regiones con relativa abundancia, la contaminación reduce la cantidad de agua apta para consumo humano.
Ciudades al límite y regiones en riesgo
La bancarrota hídrica ya no es una advertencia futura. Sus efectos se sienten hoy en distintas partes del mundo:
- Kabul podría convertirse en la primera ciudad moderna en quedarse sin agua
- Ciudad de México se hunde hasta 50 centímetros al año por la sobreexplotación de su acuífero
- El río Colorado, en Estados Unidos, enfrenta disputas constantes por un caudal cada vez menor
- Oriente Medio y el norte de África viven un estrés hídrico extremo
- Regiones del sur de Asia dependen de acuíferos que se agotan rápidamente
Según los expertos, muchos acuerdos de distribución del agua se basan en condiciones climáticas que ya no existen.
Un problema humano, no solo ambiental
Las consecuencias no son solo ecológicas. Se estima que casi 4 mil millones de personas enfrentan escasez de agua durante al menos un mes al año.
Aun así, el informe advierte que en muchas regiones el agua sigue tratándose como un recurso infinito, permitiendo el crecimiento urbano y agrícola sin considerar los límites reales del entorno.
“El sistema parece funcionar… hasta que deja de hacerlo”, alertan los investigadores.
¿Qué se puede hacer ante la bancarrota hídrica?
Reconocer la gravedad del problema permite cambiar el enfoque: pasar de respuestas de emergencia a estrategias de largo plazo. Entre las principales acciones propuestas destacan:
- Transformar la agricultura, el mayor consumidor de agua del mundo
- Implementar sistemas de riego más eficientes
- Mejorar el monitoreo hídrico con inteligencia artificial y sensores remotos
- Reducir la contaminación del agua
- Proteger humedales y acuíferos subterráneos
Limitar el calentamiento global también será clave para frenar el deterioro del ciclo del agua.
Un recurso que puede unir en un mundo fragmentado
Pese al panorama alarmante, los autores del informe destacan un punto de esperanza: el agua es un tema que trasciende fronteras políticas y puede convertirse en un puente de cooperación global.
Reconocer la bancarrota hídrica no significa resignarse, sino aceptar la realidad para tomar decisiones difíciles que protejan a las personas, las economías y los ecosistemas antes de que el déficit sea irreversible.