El auge de los medicamentos agonistas de los receptores GLP-1, conocidos popularmente bajo nombres comerciales como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, ha transformado radicalmente el abordaje de la obesidad. Sin embargo, una reciente investigación publicada en la prestigiosa revista The BMJ lanza una advertencia contundente: la pérdida de peso lograda con estas inyecciones tiene una “fecha de caducidad” acelerada si se interrumpe el tratamiento.
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El fenómeno de la recuperación acelerada
Investigadores de la Universidad de Oxford realizaron un exhaustivo análisis de 37 estudios previos, que involucraron a cerca de 10,000 participantes. El objetivo era comparar qué sucede cuando una persona deja de tomar fármacos para la obesidad frente a quienes abandonan programas basados exclusivamente en cambios de estilo de vida.
Los resultados son reveladores. Mientras que los métodos tradicionales de dieta y ejercicio suelen presentar una recuperación de peso gradual, quienes dejan de usar Ozempic o fármacos similares enfrentan un retorno de los kilos perdidos a una velocidad alarmante:
- Medicamentos de nueva generación (semaglutida y tirzepatida): Los pacientes recuperaron un promedio de 800 gramos al mes. A este ritmo, volverían a su peso inicial en apenas 18 meses.
- Programas conductuales: En contraste, quienes bajaron de peso solo con cambios de hábito recuperaron menos de 400 gramos mensuales tras abandonar sus programas.
¿Por qué recuperamos el peso tan rápido?
La clave reside en la naturaleza de la semaglutida y la tirzepatida. Estos compuestos imitan hormonas que regulan el apetito y la saciedad en el cerebro. Al retirar el fármaco, el sistema metabólico, que aún no ha sido “reprogramado”, vuelve a sus niveles previos de hambre, a menudo con mayor intensidad.
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Además del peso, el estudio destaca que los beneficios metabólicos —como la mejora en la presión arterial y los niveles de glucosa— desaparecen casi al mismo tiempo que se recuperan los kilos, usualmente antes de cumplirse el año y medio de haber suspendido la dosis.
La obesidad: Una batalla de por vida
Para los expertos de Oxford, estos hallazgos no significan que los medicamentos fallen, sino que confirman que la obesidad es una afección crónica. Así como un paciente hipertenso no deja de tomar su medicina cuando su presión se normaliza, los tratamientos GLP-1 parecen requerir una continuidad a largo plazo, quizás de por vida.
Sin embargo, el reto en el mundo real es complejo. Se estima que el 50% de los pacientes abandonan el tratamiento antes de cumplir el primer año. Las causas principales incluyen:
- Altos costos: El precio de estos fármacos sigue siendo una barrera económica significativa.
- Efectos secundarios: Náuseas y problemas gastrointestinales que muchos pacientes no logran tolerar.
- Desabasto: La alta demanda global ha dificultado el acceso constante al medicamento.
Un enfoque integral
Los autores del estudio sugieren que el uso de estas drogas a corto plazo debe manejarse con extrema precaución. No basta con la inyección; es necesario un acompañamiento médico que ayude a gestionar la transición o el mantenimiento para evitar que el esfuerzo (y la inversión) se diluyan en pocos meses.
La ciencia es clara: si decides iniciar este camino, la constancia es el único seguro contra el efecto rebote.