Un susto o una emoción fuerte pueden provocar reacciones inmediatas en el cuerpo, como palpitaciones, sudoración o sensación de mareo.
Estas respuestas forman parte del sistema de alerta natural del organismo. Sin embargo, cuando el impacto emocional es intenso, puede actuar como un detonante de problemas de salud, sobre todo si existe una condición previa.
Una de las afecciones más conocidas es el síndrome del corazón roto, también llamado miocardiopatía por estrés. Aparece tras una emoción extrema y genera síntomas similares a un infarto. Aunque suele ser reversible, requiere atención médica inmediata y demuestra el fuerte vínculo entre emociones y corazón.
Las emociones intensas también pueden desencadenar crisis de ansiedad o ataques de pánico. El cuerpo libera grandes cantidades de adrenalina, lo que provoca temblores, falta de aire y sensación de pérdida de control. Estos episodios pueden presentarse incluso en personas que nunca antes los habían experimentado.
En cuanto a la diabetes, un susto no la causa directamente. Sin embargo, el estrés eleva las hormonas que aumentan la glucosa en la sangre. En personas con prediabetes o predisposición genética, una emoción fuerte puede descompensar los niveles y hacer visible un problema que ya estaba presente.
El vértigo y los mareos sí pueden aparecer tras un sobresalto intenso. El estrés repentino puede afectar el sistema vestibular, encargado del equilibrio, especialmente en personas sensibles o con antecedentes de problemas del oído interno, generando sensación de giro o inestabilidad.
El sistema digestivo tampoco queda al margen. Emociones fuertes pueden provocar gastritis, colitis nerviosa o náuseas, debido a la estrecha conexión entre el cerebro y el intestino. Este vínculo explica por qué el malestar emocional suele reflejarse en el estómago.