El aumento del calor extremo combinado con altos niveles de humedad está llevando a ciertas zonas del planeta a límites fisiológicos peligrosos para la vida humana. Estudios científicos advierten que, de no frenar el calentamiento global, algunas regiones podrían dejar de ser habitables en las próximas décadas por culpa del cambio climático.
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Una realidad medible
El cambio climático dejó de ser una amenaza futura para convertirse en una realidad medible. El incremento sostenido de la temperatura global, junto con niveles cada vez más altos de humedad, está empujando a diversas regiones del mundo hacia condiciones que el cuerpo humano no puede tolerar por periodos prolongados.
Investigaciones basadas en datos satelitales de la NASA y en modelos climáticos avanzados alertan que, hacia mediados de este siglo, algunas zonas podrían cruzar límites críticos de supervivencia.
No se trata solo de calor extremo, sino de ambientes donde el organismo pierde su capacidad natural para regular la temperatura corporal, transformando el mapa de la habitabilidad humana.
El límite físico del cuerpo humano ante el calor
Para evaluar cuándo un entorno deja de ser seguro para las personas, los científicos utilizan un indicador conocido como temperatura de bulbo húmedo, que combina la temperatura del aire con la humedad relativa. Este valor refleja el estrés térmico real que experimenta el cuerpo y su capacidad para enfriarse mediante la sudoración.
Según estudios liderados por el investigador Colin Raymond, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, una temperatura de bulbo húmedo de 35 °C sostenida durante seis horas puede resultar mortal, incluso para personas jóvenes y sanas.
Desde 2005, este umbral ya ha sido superado de forma puntual en distintas regiones del planeta, y los episodios cercanos a ese límite se han triplicado en las últimas cuatro décadas.
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Sur de Asia, una de las zonas más vulnerables
El sur de Asia encabeza la lista de regiones en mayor riesgo. Países como India, Pakistán y Bangladesh combinan altas temperaturas, elevada humedad y una gran densidad poblacional.
Los modelos climáticos indican que, hacia 2050, algunas áreas podrían registrar condiciones cercanas o superiores al límite humano de tolerancia térmica.
En estas zonas, el impacto no se limita a la salud. El calor extremo compromete la disponibilidad de agua, la producción agrícola y la estabilidad económica y social.
Millones de personas podrían verse obligadas a desplazarse ante la imposibilidad de sostener la vida cotidiana.
Golfo Pérsico y Mar Rojo, calor extremo persistente
Otra región crítica es el Golfo Pérsico, que incluye partes de Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Catar y Kuwait. Estas zonas ya registran algunas de las temperaturas más elevadas del planeta, y el aumento de la humedad agrava el riesgo.
Las proyecciones indican que el calor extremo podría volverse más intenso y prolongado, superando incluso la capacidad de adaptación que ofrece la infraestructura moderna.
Una situación similar se prevé en la región del Mar Rojo, donde el estrés térmico sostenido podría hacer inviable la vida al aire libre durante largos periodos del año.
China, sudeste asiático y Brasil bajo presión climática
Hacia la segunda mitad del siglo, los modelos climáticos señalan que partes del este de China, el sudeste asiático y Brasil podrían enfrentar condiciones críticas. En estos casos, el calentamiento global se ve amplificado por factores locales como la urbanización acelerada, la deforestación y el uso intensivo del suelo.
En la Amazonía brasileña, por ejemplo, la pérdida de cobertura forestal reduce la capacidad natural del ecosistema para regular la temperatura y la humedad. Este efecto acumulativo genera un entorno cada vez más hostil, con consecuencias directas para la biodiversidad y las comunidades humanas que dependen de ella.
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Un planeta menos habitable, un impacto global
La pérdida de habitabilidad en regiones clave no es un problema aislado. El calor extremo reduce la productividad agrícola, limita el trabajo físico y eleva la demanda energética, poniendo bajo presión sistemas ya frágiles. Además, los ecosistemas se desequilibran, aumentando la frecuencia de incendios, sequías e inundaciones.
Estos efectos profundizan las desigualdades y generan tensiones sociales y migratorias. Cuando una región deja de ser habitable, las consecuencias trascienden fronteras y afectan economías, cadenas de suministro y estabilidad política a escala global.
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Una urgencia real
Las proyecciones sobre regiones que podrían volverse inhabitables redefinen la urgencia del cambio climático. Ya no se trata únicamente de preservar paisajes o especies, sino de garantizar condiciones mínimas para la vida humana. Reducir emisiones, proteger los ecosistemas y adaptar las ciudades al nuevo clima será clave para evitar que estos escenarios se materialicen a gran escala.
El planeta aún conserva margen de acción, pero cada año de inacción lo reduce. La pregunta ya no es si el cambio climático transformará el mapa del mundo, sino cuántos lugares podrán salvarse antes de cruzar el punto de no retorno.