Escuchar música a volumen alto es una práctica común, especialmente con el uso constante de audífonos.
El problema es que el daño no siempre se percibe de inmediato. La pérdida auditiva suele avanzar de forma silenciosa y gradual, por lo que muchas personas no notan las consecuencias hasta que ya existen cambios irreversibles.
Sin vuelta atrás
El oído interno contiene células ciliadas, encargadas de transformar el sonido en señales para el cerebro. Cuando se exponen de manera prolongada a ruidos intensos, estas células se dañan y no se regeneran.
- Esto puede provocar disminución de la audición, zumbidos constantes y dificultad para entender conversaciones.
Primeros signos de alerta
Uno de los primeros signos de alerta es el tinnitus, un pitido o zumbido persistente en los oídos. Aunque suele minimizarse, este síntoma indica que el sistema auditivo ha sido sobrecargado.
Continuar con hábitos de volumen alto puede agravar el problema y generar daños permanentes.
Afectaciones al sistema nervioso
Además de afectar la audición, el ruido excesivo influye en el sistema nervioso. La exposición prolongada puede aumentar el estrés, alterar el sueño y provocar fatiga mental.
El cuerpo interpreta los sonidos intensos como una amenaza, manteniéndolo en un estado de alerta constante.
Jóvenes, sector vulnerable
Los jóvenes son uno de los grupos más vulnerables. Escuchar música a alto volumen durante horas, especialmente con audífonos, incrementa el riesgo de pérdida auditiva temprana. Lo preocupante es que estos efectos pueden manifestarse años después, cuando el daño ya está hecho.

Medidas preventivas
Prevenir es posible con cambios simples. Mantener el volumen en niveles moderados, hacer pausas frecuentes y preferir audífonos que aíslen el ruido externo ayuda a proteger la audición.
Escuchar con cuidado es una decisión pequeña que tiene un impacto duradero en la salud.


