Pasar muchas horas sentado se ha vuelto parte de la vida moderna, ya sea en el trabajo, frente a una pantalla o durante los traslados.
Aunque parece inofensivo, permanecer inmóvil por largos periodos tiene efectos negativos silenciosos que afectan la salud con el paso del tiempo.

Uno de los principales riesgos es el impacto en la salud cardiovascular. Estar sentado demasiado tiempo reduce la circulación sanguínea y favorece el aumento de colesterol y presión arterial. Esto incrementa el riesgo de enfermedades del corazón, incluso en personas que hacen ejercicio ocasionalmente.
La postura prolongada también afecta el sistema musculoesquelético. Dolores de espalda, rigidez en el cuello y molestias en las caderas son señales comunes. Los músculos se debilitan por falta de movimiento, mientras que las articulaciones pierden flexibilidad y fuerza.
Otro efecto poco visible es la alteración del metabolismo. Permanecer sentado durante horas dificulta la quema de calorías y favorece la acumulación de grasa. Este hábito se asocia con mayor riesgo de diabetes tipo 2 y aumento de peso, aun sin una dieta excesiva.
La salud mental tampoco queda fuera. La falta de movimiento puede aumentar la fatiga, el estrés y la sensación de cansancio mental. El cuerpo está diseñado para moverse, y cuando no lo hace, la energía y la concentración disminuyen.
Evitar estos efectos no requiere cambios drásticos. Levantarse cada 30 o 60 minutos, estirarse, caminar unos pasos o cambiar de postura activa la circulación. Pequeños movimientos repetidos a lo largo del día generan grandes beneficios.
Incorporar hábitos como usar escaleras, caminar mientras se habla por teléfono o ajustar la altura del escritorio ayuda a reducir el tiempo sentado. La clave está en interrumpir la inmovilidad, no solo en hacer ejercicio al final del día.


