Sentir la brisa del invierno o el efecto refrescante de un enjuague bucal parece lo mismo, pero para tu cuerpo son procesos distintos que llegan al mismo resultado. Por primera vez, investigadores de la Universidad de Duke han logrado fotografiar el “termómetro molecular” de nuestras neuronas: el canal TRPM8.
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El “Termómetro” de tus neuronas
El TRPM8 es una proteína situada en la piel, la boca y los ojos que actúa como un interruptor.
- Activación por temperatura: Cuando el clima baja de los 28 °C, este canal se abre, permitiendo que iones entren a la neurona y envíen una señal eléctrica que el cerebro interpreta como frío.
- El engaño del mentol: El mentol no enfría la piel, pero se “encaja” en una parte específica del sensor TRPM8, forzando su apertura. El cerebro recibe la misma señal eléctrica y jura que hay una caída de temperatura, aunque sea una ilusión química.
Criomicrografía: Congelando el momento
Gracias a la técnica de criomicrografía electrónica, los científicos pudieron ver este proceso a nivel atómico. Descubrieron que el frío y el mentol abren el canal por caminos diferentes. Sin embargo, cuando ambos se juntan, el efecto es mucho más intenso, lo que explica por qué beber agua fría después de un chicle de menta resulta casi doloroso.
¿Por qué esto es importante para tu salud?
Entender la percepción del frío a este nivel no es solo curiosidad científica; tiene aplicaciones médicas directas:
- Migrañas y dolor: Muchas personas con migraña son hipersensibles a los cambios de temperatura. Controlar este “interruptor” podría apagar el dolor.
- Ojo seco: Ya existen fármacos (como el Acoltremon) que usan este mecanismo para estimular la producción de lágrimas.
- Sensibilidad térmica: El descubrimiento de un “punto frío” en la proteína explica por qué no dejamos de sentir frío aunque estemos expuestos a él por mucho tiempo, evitando daños por congelación.
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El futuro de las terapias sensoriales
Este hallazgo de febrero de 2026 nos permite ver, literalmente, cómo el mundo exterior se traduce en sensaciones dentro de nuestra cabeza. Al dominar la arquitectura del TRPM8, la medicina está a un paso de crear analgésicos más potentes y tratamientos personalizados para trastornos sensoriales complejos.