El cáncer es una enfermedad compleja que puede estar influida por factores genéticos, pero también por hábitos cotidianos que, con el tiempo, elevan el riesgo de desarrollarlo.
Identificar estas conductas es el primer paso para prevenir y proteger la salud a largo plazo.
El tabaquismo
Uno de los principales factores de riesgo es el tabaquismo. Fumar está relacionado con varios tipos de cáncer, especialmente de pulmón, garganta y boca. Dejar el cigarro, incluso después de años de consumo, reduce de forma significativa el riesgo y mejora la función del sistema respiratorio.
Exceso de alcohol
El consumo excesivo de alcohol también aumenta la probabilidad de cáncer de hígado, mama y colon. Reducir su ingesta o eliminarlo por completo ayuda a proteger órganos clave y favorece un mejor equilibrio metabólico y hormonal.
Mala alimentación
Una alimentación poco saludable, rica en ultraprocesados, grasas saturadas y azúcares, puede contribuir a la inflamación crónica y al sobrepeso, ambos asociados con distintos tipos de cáncer. Optar por una dieta rica en frutas, verduras, fibra y alimentos naturales es una medida preventiva fundamental.
Nula actividad física
El sedentarismo es otro hábito que incrementa el riesgo. La falta de actividad física favorece el aumento de peso y altera el metabolismo. Incorporar ejercicio regular, aunque sea moderado, ayuda a fortalecer el sistema inmune y a regular procesos hormonales.
Exposición al sol
La exposición excesiva al sol sin protección eleva el riesgo de cáncer de piel. Usar bloqueador solar, evitar las horas de mayor radiación y proteger la piel con ropa adecuada son acciones simples pero efectivas para reducir este peligro.
Evitar estos hábitos no implica cambios drásticos, sino decisiones conscientes y constantes. Adoptar un estilo de vida saludable, acudir a revisiones médicas y escuchar al cuerpo son estrategias clave para disminuir el riesgo de cáncer y mejorar la calidad de vida.


