El hígado graso, también conocido como esteatosis hepática, es una condición que ocurre cuando se acumula una cantidad excesiva de grasa en las células del hígado.
Aunque pequeñas cantidades de grasa son normales, cuando superan ciertos niveles pueden comenzar a afectar el funcionamiento adecuado de este órgano vital.
Tipos de hígado graso
Existen dos tipos principales: el hígado graso alcohólico, relacionado con el consumo excesivo de alcohol, y el hígado graso no alcohólico, que se asocia con factores como sobrepeso, obesidad, diabetes tipo 2, colesterol y triglicéridos elevados.
Hallazgos
En sus primeras etapas, el hígado graso suele ser silencioso, es decir, no presenta síntomas evidentes. Muchas personas descubren que lo padecen tras estudios de laboratorio o ultrasonidos realizados por otros motivos.
- Sin embargo, en algunos casos puede provocar fatiga, sensación de pesadez en el abdomen o malestar general.
Evolución de la enfermedad
Si no se controla, esta condición puede evolucionar hacia inflamación hepática (esteatohepatitis), fibrosis e incluso cirrosis, una etapa avanzada que compromete seriamente la función del hígado.
- En situaciones más graves, puede aumentar el riesgo de insuficiencia hepática o cáncer de hígado.
Principales causas
Los principales factores de riesgo incluyen mala alimentación, consumo elevado de azúcares y alimentos ultraprocesados, sedentarismo, obesidad abdominal y resistencia a la insulina. El estilo de vida juega un papel determinante tanto en su aparición como en su tratamiento.

¿Cómo se puede prevenir?
La prevención del hígado graso se basa principalmente en cambios de hábitos. Mantener un peso saludable es uno de los factores más importantes.
- Perder entre un 5% y 10% del peso corporal puede mejorar significativamente la acumulación de grasa en el hígado.
Adoptar una alimentación equilibrada, rica en verduras, frutas, fibra y proteínas magras, y reducir el consumo de azúcares añadidos y grasas saturadas ayuda a proteger la salud hepática. Limitar o evitar el alcohol también es clave.

La actividad física regular —al menos 150 minutos de ejercicio moderado por semana— contribuye a mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la grasa acumulada.
Con disciplina y supervisión médica, el hígado graso puede ser reversible en sus etapas iniciales.


