Así es la vida: Esqueleto de un gato colgando de un árbol

Una noche, mientras cuidaba yo al gato de mi hija, el minino se escapó. Como llegó la mañana y el gato no aparecía, salí a buscarlo. Lo encontré encaramado en la rama de un árbol, a unos 10 metros de altura. Incapaz de llamar su atención para hacerlo bajar, telefoneé a los bomberos.

—Ya no acudimos a bajar gatos —me dijo el operador que contestó.

Yo insistí en que enviaran a alguien, pero el empleado se mantuvo firme:

—El gato bajará solo cuando tenga hambre. 

—¿Cómo lo sabe? —le pregunté.

—¿Alguna vez ha visto el esqueleto de un gato colgando de un árbol? —repuso.

Dos horas después, el gato de mi hija volvió a casa en busca de su almuerzo.

Terry Christiansen

Rayes policía de caminos, y suele contarnos las peores excusas que da la gente que conduce con exceso de velocidad.

Él tiene un acuario con peces exóticos, y un ejemplar se estaba muriendo. Como era su día de descanso, llamó a la tienda de mascotas. Le aconsejaron comprar de inmediato un aditivo especial para corregir el PH del agua.

Ray y su esposa subieron al auto y corrieron a la tienda. En el camino, un agente lo detuvo.

—Explícale que tu pez está enfermo —le dijo a Ray su esposa.

Debra McVey 

La ventanilla del autobanco donde trabajo tiene un cajón externo donde los clientes ponen los documentos de sus transacciones. Una vez llegó una mujer con un perro en el asiento delantero; en cuanto el auto se detuvo junto a mi ventanilla, el animal saltó al regazo de la mujer. Parecía muy emocionado.

—Su perro es muy amistoso —le dije a la dueña.

—No tanto —replicó—. Cree que le voy a comprar una hamburguesa.

Marilyn Bourdeau

Trabajo en una pensión para animales donde la gente deja a sus perros y gatos cuando va a salir de vacaciones. Una mañana saqué a un gato de su jaula; después de jugar con él un rato y de servirle comida y agua, volví a meterlo en su confinamiento de metal.

Unos minutos después, me quedé muy sorprendido al ver al felino junto a mí, pues las puertas de la jaula se cierran con llave automáticamente al empujarlas. No entendía cómo había logrado escapar, hasta que me agaché para recogerlo y vi su nombre en la placa del collar: Houdini.

Barbara Rohrseen

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