Que Estados Unidos abandone la Organización Mundial de la Salud no es solo una decisión diplomática ni un desacuerdo político entre gobiernos.
Se trata de un cambio que impacta directamente la forma en que el mundo previene enfermedades, detecta brotes y responde ante crisis sanitarias globales.
Durante décadas, la OMS ha funcionado como el principal eje de coordinación internacional frente a pandemias, emergencias de salud y amenazas silenciosas que no reconocen fronteras.
Con la salida de su mayor contribuyente histórico, el sistema global de salud entra en una etapa de mayor fragilidad, cuyos efectos pueden sentirse incluso en países que nunca formaron parte del debate político.
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Estados Unidos abandona la OMS: qué ocurrió y por qué importa
El 22 de enero de 2026 se formalizó la salida de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud, tras cumplirse el plazo legal de un año desde la orden ejecutiva firmada en 2025. Con esta decisión, el país dejó de participar en los órganos de decisión, suspendió la cooperación técnica y detuvo sus aportaciones financieras.
Estados Unidos fue durante años uno de los pilares del financiamiento del organismo, aportando cerca del 18 % de su presupuesto total. Aunque la OMS continúa operando, la salida de este apoyo reduce de manera significativa su capacidad para sostener programas clave, justo cuando las amenazas sanitarias son cada vez más frecuentes y complejas.
Menos recursos, más riesgos para la salud mundial
El impacto más inmediato es financiero, pero las consecuencias son sanitarias. La OMS enfrenta una crisis presupuestaria que ha obligado a reducir equipos directivos y planear recortes de personal durante 2026. Esto no implica el cierre de oficinas, sino el debilitamiento de programas esenciales.
Campañas de vacunación, control de enfermedades como la polio, el VIH, la malaria y la tuberculosis dependen en gran medida de la coordinación y el respaldo internacional. Con menos recursos, estos esfuerzos avanzan más lento, especialmente en países con sistemas de salud frágiles.
La salud global funciona como una red interconectada: cuando una parte falla, el riesgo se expande. Una enfermedad que no se detecta a tiempo en una región vulnerable puede cruzar fronteras en cuestión de días.
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Qué cambia en la detección de pandemias y enfermedades emergentes
Uno de los efectos menos visibles, pero más preocupantes, es la pérdida de coordinación internacional. La OMS centraliza información, alertas tempranas y protocolos comunes para identificar amenazas sanitarias antes de que se conviertan en crisis globales.
Sin la participación de Estados Unidos, la red de vigilancia epidemiológica se fragmenta. Expertos advierten que esto puede retrasar la detección de nuevas variantes, limitar el intercambio de datos científicos y dificultar respuestas rápidas y coordinadas frente a brotes emergentes.
América Latina, entre las regiones más expuestas
El impacto no se distribuye de forma equitativa. En América Latina, muchos programas de salud dependen de la Organización Panamericana de la Salud, cuyo financiamiento está estrechamente ligado al presupuesto de la OMS.
Con menos recursos, se debilitan acciones clave como la compra conjunta de vacunas, el control del dengue, zika y malaria, y el acceso a medicamentos esenciales. En países donde la salud pública ya opera al límite, cualquier recorte puede marcar la diferencia entre prevención y crisis.
Incertidumbre legal y un sistema bajo presión
A esta situación se suma un debate legal: Estados Unidos mantiene adeudos correspondientes a cuotas previas, lo que ha generado cuestionamientos sobre la legalidad del proceso de salida. Sin embargo, más allá del conflicto jurídico, el impacto práctico ya es una realidad.
La OMS enfrenta un vacío financiero y operativo que redefine el equilibrio de la salud mundial en un momento crítico.
Un desafío que trasciende fronteras
Que Estados Unidos abandone la OMS no significa el colapso inmediato del sistema de salud global, pero sí una pérdida de cooperación, recursos y coordinación en un escenario donde las amenazas sanitarias son cada vez más impredecibles.
La historia reciente ha demostrado que ninguna nación puede protegerse sola frente a una pandemia. La gran pregunta es si el mundo reforzará la colaboración internacional o si pagará el costo de un sistema debilitado cuando llegue la próxima emergencia sanitaria.