Durante décadas, la medicina ha señalado a la Helicobacter pylori como la principal responsable de las úlceras y el cáncer gástrico. Sin embargo, una investigación de vanguardia publicada en la revista Gut ha puesto el foco sobre un nuevo y peligroso actor en el microbioma digestivo: el Streptococcus anginosus (Sa).
Este hallazgo, liderado por científicos de la Universidad Jiao Tong de Shanghái y BGI Genomics, revela que esta bacteria no es una simple habitante del estómago, sino un motor que acelera el crecimiento de tumores mediante la manipulación de nutrientes esenciales.
El “combustible” bacteriano: La metionina
El estudio desvela un mecanismo fascinante y alarmante a la vez. El Streptococcus anginosus tiene la capacidad de producir metionina, un aminoácido esencial. Aunque los seres humanos necesitamos la metionina para diversas funciones vitales, en exceso y en presencia de células malignas, actúa como una fuente de energía para el cáncer.
Los investigadores confirmaron que esta bacteria reprograma el metabolismo del huésped:
- Aumenta la producción de metionina directamente en el tejido estomacal.
- Estimula la proliferación celular, suministrando la “energía” necesaria para que las células tumorales se multipliquen rápidamente.
- Altera los marcadores genéticos, facilitando un entorno favorable para el desarrollo de la enfermedad.
Un avance en la detección temprana
El cáncer gástrico es el quinto más diagnosticado en el mundo, y su detección precoz sigue siendo un reto. La relevancia de este estudio radica en que la presencia de la bacteria Sa podría funcionar como un biomarcador.
En el futuro, un simple análisis de la microbiota intestinal o de las heces podría detectar niveles elevados de esta bacteria, permitiendo a los médicos intervenir mucho antes de que se desarrolle un tumor maligno. Esto abre la puerta a una “prevención de precisión”, donde el tratamiento no solo ataque al cáncer, sino que equilibre el ecosistema bacteriano del paciente.
La importancia de cuidar tu microbioma
Este descubrimiento refuerza la idea de que nuestro estómago es un ecosistema complejo. Aunque la genética y el estilo de vida cuentan, las bacterias que albergamos juegan un papel determinante.
“Al desvelar cómo esta bacteria reprograma el metabolismo, estamos encontrando nuevas vías para detener la enfermedad antes de que comience”, señalan los autores del estudio. Este avance no solo profundiza nuestro conocimiento sobre el cáncer, sino que destaca la importancia de mantener una salud digestiva óptima a través de dietas balanceadas y revisiones médicas periódicas.