Una pincelada de humor provocada por circunstancias infantiles
Mis nietos, de ocho, cinco y tres años de edad, estaban jugando. De pronto, la menor se acercó y me dijo que los otros no la dejaban jugar con ellos. Yo llamé a los chicos y les pedí que la incluyeran en sus juegos. Pero al poco rato la pequeña regresó y se sentó a mi lado. Le pregunté si ya no quería jugar, y contestó:
—Sí, estoy jugando con ellos, pero me dijeron que me tocaba irme a un viaje muy largo y lejano.
Myrna Ceballos, México
A mi nieto Cylus, de ocho años, se le habían caído ya algunos dientes de leche. Una noche, antes de cenar, nos mostró que había perdido un diente más. Se volvió hacia su mamá, sonrió de oreja a oreja y exclamó:
—¡Mira, soy un jugador de hockey!
Penny Kellett, Canadá
Mientras mi hija ayudaba a su hijo de seis años en sus tareas, yo entretenía con dibujos al pequeño, de tres. Hice una casita en medio del campo, con árboles frutales, césped, flores, aves, el cielo, etcétera. Después le pedí al pequeño que los coloreara, y él eligió los tonos exactos para cada cosa. Con asombro vi que había pintado la casa de negro, así que le pregunté:
—¿Por qué coloreaste de negro una casa tan bonita?
A lo cual contestó:
—No me digas que en tu casa no se va la luz, abuelita…
María Cristina Revueltas, México
Un plato sencillo
Cuando llegamos a casa de nuestros dos nietos para cuidarlos, ellos nos dijeron que acababan de comer.
—¿Qué les dieron? —pregunté.
—Sándwiches de atún —me contestó Ty.
Comenté que en algún lugar había oído decir que las personas no debían comer mucho atún, debido al mercurio que contiene.
—Pero el nuestro no, abuela —replicó Ty—. Nuestro atún sólo tiene mayonesa.
Helen Westbrook, Canadá
Rudy y Alex, mis dos nietos más pequeños, esperan ansiosamente la mañana del sábado para poder ver caricaturas en la televisión. Una de esas mañanas se desilusionaron al darse cuenta de que su papá estaba viendo el golf. Él les dijo que era el Abierto Británico, y trató de explicarles la diferencia de horario entre Canadá e Inglaterra.
Como cabía esperar, los niños no comprendieron el asunto muy bien, pero se mantuvieron lejos cerca de una hora. Cuando volvieron, tenían la esperanza de que ya hubiera terminado el golf. Alex echó un vistazo al televisor, y lleno de frustración le dijo a su hermano:
—No, ¡papá sigue viendo pasto!
Elizabeth A. Keast, Canadá
Linda, mi suegra, le preguntó a su nieta Carling —mi sobrina— si se sentía emocionada por la inminente llegada de su cumpleaños.
—Sí —contestó la niña con toda seriedad—. Es un cumpleaños muy importante. He esperado toda mi vida para cumplir cinco años.
Maryann Martin, Canadá
“¡Es magia!”
Cierta vez, mi prima de siete años y yo estábamos viendo una foto familiar en Facebook. Como la fotografía estaba etiquetada, cada vez que pasaba yo el cursor sobre el rostro de alguien, aparecía su nombre.
Sorprendida, la niña exclamó:
—¡Mira, la computadora se sabe los nombres de todos nosotros!
Citlali Fuentes, México
Como preparación para un viaje que íbamos a hacer a Irlanda, les mostré a mis hijos un mapamundi. David, de siete años, miró detenidamente en él Canadá y luego Irlanda. Después, en tono de preocupación dijo:
—Papá, espero que haya suficiente espacio para jugar allá.
Thomas Simpson, Canadá
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