El mal olor en los pies, conocido médicamente como bromhidrosis, es un problema común que puede generar incomodidad y afectar la confianza personal.
Aunque suele asociarse con falta de higiene, en realidad intervienen varios factores físicos y hábitos diarios.
La principal causa del mal olor es la sudoración excesiva. Los pies tienen una gran cantidad de glándulas sudoríparas y, cuando el sudor queda atrapado en el calzado, crea un ambiente húmedo ideal para la proliferación de bacterias y hongos, responsables del olor desagradable.

- El uso prolongado de calzado cerrado, especialmente si es de materiales sintéticos, favorece la acumulación de humedad. Asimismo, calcetines que no permiten la ventilación adecuada impiden que el pie se mantenga seco, aumentando el problema.
- La higiene inadecuada también influye. No lavar los pies correctamente, no secarlos bien entre los dedos o reutilizar calcetines sin lavar facilita el crecimiento de microorganismos que provocan el mal olor.
Para evitarlo, es fundamental mantener una rutina diaria de higiene, lavando los pies con agua y jabón, y secándolos cuidadosamente. El uso de calcetines de algodón o materiales transpirables ayuda a absorber la humedad y mantener los pies frescos.

Alternar el calzado, permitir que los zapatos se ventilen y utilizar productos como talcos antifúngicos o desodorantes especiales para pies puede reducir significativamente el olor. También es recomendable evitar usar el mismo par de zapatos varios días seguidos.
Si el mal olor persiste o se acompaña de comezón, enrojecimiento o descamación, es importante acudir a un profesional de la salud, ya que podría tratarse de una infección por hongos que requiere tratamiento específico.


