Si has notado que tu feed de Instagram o TikTok se ha llenado de fotos con filtros vintage, jeans ajustados y música de The Chainsmokers, no estás solo. En pleno 2026, ha surgido una tendencia global: la canonización de 2016 como el último refugio de la felicidad digital y personal.
Pero, ¿por qué este año en particular? La psicología tiene respuestas fascinantes que van mucho más allá de la moda.
Puedes leer: Psicología del color: Lo que tus tonos favoritos dicen de tu ánimo
1. Cuando las redes sociales aún eran “sociales”
Según la psicóloga Tracy King, la nostalgia por 2016 nace de la añoranza por una conexión digital más humana. En ese entonces, Instagram y Facebook mostraban un feed cronológico: veías lo que tus amigos compartían, no lo que un algoritmo decidía para mantenerte pegado a la pantalla.
- Menos fatiga emocional: Las redes se centraban en relaciones, no en reacciones. Ver caras conocidas y momentos reales ayudaba a las personas a sentirse conectadas y seguras, a diferencia del bombardeo de contenido recomendado que domina nuestro presente.
2. El refugio ante la “alerta constante”
Clay Routledge, experto en la ciencia de la nostalgia, sostiene que este fenómeno es una respuesta a la ansiedad hacia el futuro. En 2016, aunque el mundo no era perfecto, se sentía como algo que podíamos transitar sin el estado de alerta y tensión que caracteriza a la década de los 20. Recordar las tendencias de hace diez años funciona como un “ancla” que nos da continuidad y autocomprensión en un mundo que cambia demasiado rápido.
Otro tema de interés: Los olores nos hace recordar, pero ¿por qué pasa esto?
3. El punto de inflexión de los Millennials
Para muchos adultos jóvenes de hoy, 2016 representó el pico de su independencia o el final de su adolescencia. Fue el año de los primeros labiales de Kylie Jenner y el fenómeno global de Pokémon GO, momentos que unieron a la gente en el espacio físico y digital de manera orgánica.
- La nostalgia como medicina: La mente recurre al pasado cuando no está segura del rumbo que debe tomar. Volver a 2016 es, en esencia, buscar ese sentido de libertad y posibilidad que parecía más accesible antes de los grandes cambios globales de los últimos años.
Lo que podemos decirte
Sentir nostalgia no es malo; es una herramienta de resiliencia. Sin embargo, el reto de este 2026 es aprender a rescatar esa “conexión humana” que tanto extrañamos de 2016 y aplicarla hoy: silenciando un poco el algoritmo y volviendo a mirar a las personas que tenemos frente a nosotros.
Con información de Glamour