Los Reyes Magos forman parte de una de las tradiciones más queridas de la infancia, pero su historia real es mucho más breve y misteriosa de lo que solemos imaginar. Curiosamente, la Biblia solo los menciona una vez y no ofrece detalles claros sobre su número, nombres o procedencia exacta.
El Evangelio de Mateo habla simplemente de unos “magos de Oriente” que siguieron una estrella hasta Belén. La palabra “mago” no se refería a hechiceros, sino a sabios o astrónomos, expertos en la observación del cielo y el estudio de los astros.
Con el paso del tiempo, la tradición fijó en tres el número de Reyes, probablemente por la cantidad de regalos mencionados: oro, incienso y mirra. Cada obsequio tenía un significado simbólico, relacionado con la realeza, la divinidad y la humanidad de Jesús.
Los nombres Melchor, Gaspar y Baltasar no aparecen en los textos bíblicos. Surgieron siglos después, en escritos y representaciones artísticas europeas. También fue en la Edad Media cuando se les asignaron distintas edades y rasgos, para representar la diversidad de la humanidad.
Otro elemento fascinante es la estrella de Belén. Algunos investigadores creen que pudo tratarse de una conjunción planetaria o un fenómeno astronómico real. Otros la interpretan como un símbolo espiritual, más que como un evento científico comprobable.
La tradición de regalar en el Día de Reyes se consolidó principalmente en España y América Latina, donde la visita de los Reyes simboliza la generosidad y la ilusión. Más allá del mito, esta celebración refuerza valores como la esperanza, la fe y el compartir.
Aunque muchos detalles permanecen envueltos en misterio, los Reyes Magos siguen siendo una figura poderosa en el imaginario colectivo.