El sismo que nos sorprendió el viernes reavivó una vieja creencia: que los primeros días del año anticipan lo que vendrá. ¿Pueden las cabañuelas predecir terremotos o se trata solo de una interpretación simbólica?
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El inicio del año y la búsqueda de señales
Cada comienzo de año despierta lecturas simbólicas sobre lo que vendrá. Tras el sismo que nos sorprendió el viernes, no tardaron en surgir preguntas en redes sociales y conversaciones cotidianas: ¿es una advertencia?, ¿marca el tono de 2026?, ¿confirma lo que anuncian las cabañuelas?
Esta tradición popular, originalmente vinculada al clima y la agricultura, ha sido extendida por algunas personas a fenómenos naturales mucho más complejos, como los terremotos. Pero ¿de dónde surge esta idea y qué tan válida es desde la ciencia?
El sismo del viernes reavivó la idea de un “año sísmico”, pero ¿qué dicen realmente las cabañuelas… y qué dice la ciencia? Foto: Shutterstock
¿Qué son las cabañuelas y cómo se interpretan?
Las cabañuelas son un sistema tradicional de observación que busca anticipar cómo será el año a partir de lo que ocurre en determinados días de enero. Surgieron en contextos rurales, cuando comprender el clima era esencial para la siembra y la supervivencia.
El método más difundido asigna cada uno de los primeros 12 días de enero a un mes del año, observando variables como lluvia, temperatura, viento y nubosidad. Algunas variantes incluyen la llamada “ida y vuelta”, que extiende la observación hasta el 24 de enero.
Aunque su enfoque original fue exclusivamente meteorológico, con el tiempo estas interpretaciones se ampliaron de forma simbólica hacia otros fenómenos naturales, incluidos los sismos.
¿De dónde surge la idea de un “año sísmico”?
Después de un temblor, especialmente cuando ocurre en los primeros días del año, es común buscar explicaciones que aporten sentido o permitan anticipar el futuro. En ese contexto, algunas personas interpretan el sismo del viernes como una señal de que 2026 podría tener mayor actividad sísmica.
Esta lectura no nace de datos geofísicos, sino de una lógica simbólica: si el año empieza con movimiento, el resto también lo tendrá. Las cabañuelas, entendidas como una especie de “resumen anticipado” del año, se convierten entonces en un marco para procesar la incertidumbre que generan fenómenos impredecibles como los terremotos.
Las cabañuelas nacieron para predecir el clima, no los sismos.
Entonces, ¿por qué tras un temblor en enero muchos temen un 2026 sísmico? Foto: Shutterstock
¿Las cabañuelas pueden predecir sismos?
Desde el punto de vista científico, la respuesta es clara: no.
Los terremotos no están relacionados con el clima ni con la atmósfera. Son el resultado de la liberación de energía acumulada por el movimiento constante de las placas tectónicas en el interior de la Tierra, a decenas o incluso cientos de kilómetros bajo la superficie.
No existe ningún mecanismo físico que conecte lo que ocurre en enero con la frecuencia o magnitud de los sismos del resto del año. Incluso con redes sísmicas globales, sensores de alta precisión y modelos geodinámicos avanzados, no es posible predecir cuándo ocurrirá un terremoto, mucho menos basándose en observaciones empíricas de unos cuantos días.
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Cuando el suelo tiembla y buscamos respuestas
Que un sismo ocurra al inicio del año puede resultar inquietante. El cerebro humano tiende a buscar patrones, sobre todo frente a eventos que generan miedo o sensación de pérdida de control. Asociar el temblor del viernes con una supuesta señal de lo que vendrá es una forma de intentar ordenar lo imprevisible.
Aquí es importante diferenciar coincidencia de causalidad. Que un sismo ocurra en enero no significa que enero lo haya provocado ni que esté “marcando” el comportamiento del año. Las placas tectónicas no siguen calendarios humanos.
Lo que la tradición explica y lo que la ciencia puede probar
Reconocer que las cabañuelas no predicen sismos no implica desacreditarlas como expresión cultural. Funcionan como un lenguaje simbólico, una forma histórica de interpretar la naturaleza cuando no existían herramientas científicas.
La ciencia no busca borrar estas tradiciones, sino establecer con claridad hasta dónde llegan. Las cabañuelas pueden hablar de memoria colectiva, identidad y relación con el entorno, pero no de procesos geológicos profundos.
En el caso de los terremotos, la única estrategia efectiva es la prevención: infraestructura adecuada, normas de construcción, educación sísmica y planes de protección civil. No la interpretación de señales tempranas sin sustento físico.
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Un planeta dinámico, no un calendario profético
El sismo que nos sorprendió el viernes puede sacudir no solo el suelo, sino también creencias que resurgen cada inicio de año. Las cabañuelas, aunque valiosas como tradición cultural, no pueden anticipar terremotos ni definir si 2026 será un año sísmico.
La Tierra se mueve siguiendo leyes geológicas, no simbólicas. Tal vez la pregunta no sea qué nos anuncia enero, sino cómo aprendemos a convivir con un planeta dinámico sin buscar certezas donde no las hay.