Por más de dos milenios, nómadas mongoles han utilizado águilas reales para cazar; eso es la cetrería: un arte que se ha transmitido por generaciones.

En el macizo de Altei, a unos 2,000 metros sobre el nivel del mar, se encuentra la provinciana capital Ölgiy. En este extremo occidental de Mongolia se celebra el Festival Anual del Águila Real, que se lleva a cabo al comienzo de la temporada de caza y va de octubre a abril.

Un juez se encarga de calificar el aterrizaje más grácil en el brazo del cetrero. Para esta competencia, que se realiza el primer día del festival, un ayudante suelta al águila real desde el pico de una montaña mientras el amo llama el ave con una serie de gritos.

El segundo día, el águila debe aterrizar en un señuelo arrastrado por un caballo.
Se puntúa tanto al hombre como al ave.

Berkutchi es una palabra kazaja que significa “cazador de águilas”. Los berkutchi mongoles cazan únicamente águilas reales hembras. Éstas son más grandes, más agresivas y más fiables que los machos.

La caza con águilas era cosa de hombres. Hace unos años, la joven Aisholpan empezó a practicar esta tradición. En una escena del documental La cazadora de águilas, Aisholpan se lleva, indiscutiblemente, el Festival.

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Los berkutchi o bien roban las águilas del nido cuando son polluelos o las atrapan con una red cuando son jóvenes. Sin embargo, la tradición exige que las aves sean liberadas y devueltas a la naturaleza pasados unos años.

La temporada de caza es en invierno. Los berkutchi y sus águilas cazan, sobre todo, zorros y manules (felinos silvestres originarios de Asia Central). El resto del tiempo lo dedican a cuidar de sus animales de pastoreo y a la vida nómada inherente a sus rebaños.