Beber agua es esencial para la vida, pero incluso los hábitos saludables pueden tener riesgos ocultos cuando se llevan al extremo.
En los últimos años, la idea de que “entre más agua, mejor” se ha popularizado, aunque el cuerpo tiene límites naturales que conviene respetar.
- Uno de los principales peligros es la hiponatremia, una condición que ocurre cuando se bebe tanta agua que el sodio en la sangre se diluye.
Esto puede provocar dolor de cabeza, náuseas, confusión y, en casos graves, convulsiones o coma.

Los riñones
El exceso de agua también puede sobrecargar a los riñones, encargados de filtrar los líquidos del cuerpo.
Cuando se les exige más de lo que pueden procesar, se altera el equilibrio de electrolitos, afectando funciones vitales como la contracción muscular y la actividad nerviosa.
¿Intoxicación por agua?
Otro riesgo poco conocido es la intoxicación por agua, que puede presentarse en actividades deportivas intensas si se consume líquido sin reponer sales minerales.
Este desequilibrio puede generar fatiga extrema, mareo y debilidad.
Hinchazón abdominal
Además, beber grandes cantidades de agua en poco tiempo puede provocar hinchazón abdominal y sensación de malestar. El cuerpo necesita absorber el líquido de forma gradual para mantener su equilibrio interno.
La clave está en escuchar al cuerpo. La sed, el color de la orina y el nivel de actividad física son buenos indicadores de cuánta agua se necesita. No todas las personas requieren la misma cantidad ni en todo momento.
Mantener una hidratación adecuada no significa forzarse a beber en exceso, sino hacerlo con conciencia y equilibrio.
El agua es aliada de la salud, siempre que se consuma de forma inteligente y respetando las señales del organismo.


