Lo mismo desayuna con un príncipe en Dubái, que canta rap en Bellas Artes, crea cooperativas con campesinos mexicanos, visita La Meca, el lugar más sagrado del islam, y para el que se necesita un visado especial muy difícil de conseguir (imposible si no eres musulmán), se convierte en el primer exportador mexicano de café de manera independiente a Emiratos Árabes Unidos o le ayuda al hijo de Bob Marley a instalar cafeterías en Playa del Carmen.
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Es Miguel Angel Suárez Meza. O Rumec, como lo conoce el mundo, un mexicano que está transformando la vida de decenas de personas gracias a una plataforma inteligente de negocios con impacto social por medio del cooperativismo, la economía naranja, el comercio justo y el voluntariado.
La vida en Estados Unidos
Miguel Ángel nació en Acapulco hace 41 años. Por su sangre corre el espíritu combativo y justiciero de su madre, exmiembro de la guerrilla de Lucio Cabañas, y la actitud emprendedora de su padre, exportador de pescado y camarón en Veracruz.
El divorcio de sus padres lo marcó. Su madre se fue a Estados Unidos y él y su hermano se mudaron a Veracruz, a la casa de su abuela paterna, otro de los pilares de su vida.
“Sacó adelante a cinco hijos. Cuando nos reuníamos volteaba a verla y pensaba que una sola mujer pudo criar y alimentar a tanta gente; eso es impresionante”, recuerda.
La ausencia materna les pesó tanto que decidieron cruzar la frontera. Él tenía 14 años y su hermano 11. La entrada a Estados Unidos fue muy difícil. Tras un mes y medio extraviados y cinco deportaciones, en 1998 llegaron a San José, California, donde residía su madre.
Esa nación no solo lo acercaría a la ideología de activistas como César Chávez, Malcolm X у Tupac Shakur, también le permitiría conocer al ucraniano con quien fundaría Russian and Mexican Company (Rumec), empresa dedicada a la construcción (que luego renombraría como Reunificación Mundial en Construcción) que con los años se convertiría en una materializadora de diversas causas sociales.
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El mejor representante del campo
Después de pasar 16 años en Estados Unidos, fue deportado. Dicho suceso, lejos de desequilibrarlo, lo encumbró, pues pondría sus ojos empresariales en tierras tan lejanas como los Emiratos Árabes Unidos. “Decidí no regresar, por dignidad, y busqué otros horizontes”, asegura.
“Tenemos la infraestructura necesaria para la creación de empresarios”, asegura este hombre, amigo íntimo y socio de la familia del revolucionario Emiliano Zapata.
Su ecuación incluye el arte y la cultura, ámbitos en los que cuenta con infinidad de proyectos. El rap también se ha convertido en su altavoz, pues es un género que concuerda con sus valores institucionales.
“No deja morir la etnicidad, representa lo que eres; de eso se trata, se trata de decir quién eres, de dónde eres y para nosotros eso aplica muy bien”. Además, dice, es un movimiento mundial.
Rumec se toma tan en serio esta faceta musical que creó el Sindicato Internacional del Rap (que funge como su brazo mercadológico), quienes se volvieron los primeros raperos en presentarse en Bellas Artes, el máximo recinto cultural de la Ciudad de México.
El rap también le ha dado alianzas. “Quien nos abrió la puerta del mercado árabe fue el hijo adoptivo del rapero Tupac, Mutah Shakur”.
Tras años de esfuerzos, Miguel Ángel ve materializados algunos de sus sueños. Actualmente es socio de la principal empresa del gobierno de Dubái en temas de desarrollo de infraestructura comercial, turística y residencial. Y cada vez exporta más productos mexicanos a esas latitudes.
Con una trayectoria en construcción, agroindustria, exportación y emprendimiento social, Miguel ha generado un compromiso permanente con la sociedad.
Ha recorrido los 32 estados de la república mexicana para entender y conocer las principales preocupaciones de los productores.
Avanza con paso firme, cada día suma un triunfo, pero sigue trabajando por el que más anhela. “Siempre he soñado con unificar el mundo”. Rumec cree que la unión surge cuando las personas se abren a otras culturas.
“Si logramos la hazaña de unirnos y echarnos la mano, lo podemos volver cultura. Después de todo lo que la humanidad sufrió con la pandemia, tenemos la oportunidad de unirnos a otro nivel, de crear una hermandad internacional sin la gente que quiere el poder”, dice el fundador de Rumec, palabra que ha sido buscada más de 60 millones de veces en Google.