Con el 14 de febrero a la vuelta de la esquina, el discurso alrededor del amor vuelve a ocupar escaparates, redes sociales y conversaciones. Sin embargo, en un giro social que se ha vuelto tendencia, la individualidad y el amor propio han tomado el protagonismo. La soltería ya no se percibe como una “pausa” ni como una carencia, sino como un estado válido y saludable, siempre que se viva desde el bienestar personal.
Hoy, ser soltero en México es, para muchas personas, una elección consciente que se disfruta con orgullo, autonomía y plena satisfacción, lejos de la presión de cumplir expectativas románticas ajenas.
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El Boom de la soltería y la autonomía emocional
Los datos reflejan este cambio profundo. Según cifras del INEGI, el 68.7% de los jóvenes mexicanos de entre 15 y 29 años están solteros (ni casados ni en unión libre).
Pero más allá de la estadística, el indicador más revelador es la satisfacción: en zonas urbanas, la felicidad con la soltería alcanza un promedio de 8.4 sobre 10, con casi la mitad de los encuestados calificándola con 9 o 10. La autonomía emocional ya no es solo una aspiración; es una realidad cotidiana y gozosa.
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Celebrar lo cotidiano: Un consumidor orgulloso y apasionado
La felicidad, sin embargo, no solo se construye a partir de grandes decisiones. Gran parte del bienestar individual reside en esos pequeños rituales que regalan paz, placer y un sentido de pertenencia a uno mismo.
La soltería, al liberar tiempo y espacio, concede mayor libertad para disfrutar placeres sencillos sin culpa. México es un país donde la diversidad cultural y emocional se refleja en la forma de vivir el día a día, celebrando lo cotidiano con autenticidad y pasión.
Disfrutar de estos pequeños placeres se convierte en un acto de bienestar personal y cultural, una forma de consentirse, afirmar la identidad y celebrar quiénes somos, incluso en los momentos más sencillos.
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Ritual de autocuidado: El símbolo indulgente
En este contexto de celebración individual, los snacks se vuelven un refugio. Por ejemplo, el mercado de helados en México creció un 11.2% en 2024, alcanzando 129 millones de litros vendidos (Nielsen). Según Kantar, 7 de cada 10 hogares mexicanos lo compran.
El helado encaja perfecto en este escenario: se convierte en un símbolo indulgente, placentero e inmediato.
Cada cucharada puede representar una pausa dulce, un “me lo merezco”, o un homenaje al amor propio.
En México, el goce no necesita ocasión: forma parte de nuestra manera de vivir, de querernos y de celebrarnos.