¿Sientes una incomodidad inexplicable al ver un panal de abejas, una esponja o la flor de loto? No estás solo. Ese sentimiento de repulsión tiene nombre: Tripofobia.
Aunque el término fue acuñado recientemente (en 2005 por usuarios de internet), describe un fenómeno psicológico profundo que mezcla la ansiedad con una respuesta instintiva de supervivencia.
¿Qué es exactamente la Tripofobia?
Proviene de las raíces griegas trypa (agujero) y phobia (miedo). A diferencia de otras fobias, los científicos sugieren que lo que experimentamos no es miedo puro, sino una aversión visual extrema o asco.
Esta reacción se dispara ante patrones repetitivos de:
- Orificios pequeños aglomerados.
- Bultos, círculos o rectángulos muy juntos.
- Texturas orgánicas como corales, moho o poros en la piel.
Es importante tener en cuenta que en la tripofobia lo que genera malestar no es un ser vivo u objeto en concreto, sino un tipo de textura que puede aparecer en prácticamente toda clase de superficies. Existen fobias comunes pero, ¿qué sucede cuando la fobia es hacia algo mucho más extraño y arraigado?
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Esta textura suele ser percibida a través del sistema visual, y genera una respuesta de fuerte aversión y angustia que resulta irracional. Los investigadores sugieren que el miedo no es la causa principal de la tripofobia, como suele ser lo habitual en las fobias. Más bien es el asco la sensación vinculada a este tipo de reacciones.
Síntomas: Cuando el cuerpo reacciona
La tripofobia se manifiesta de forma física y emocional. Los síntomas varían en intensidad, pero los más comunes son:
- Sensaciones cutáneas: Comezón, hormigueo o “piel de gallina”.
- Respuestas físicas: Sudoración, temblores, náuseas y escalofríos.
- Impacto emocional: Asco profundo, repulsión y, en casos graves, crisis de pánico o ansiedad extrema.
¿Por qué sucede? La explicación evolutiva
¿Por qué algo tan inofensivo como una piedra pómez causa tal rechazo? Los investigadores tienen una hipótesis fascinante: Supervivencia.
Muchos animales altamente venenosos (serpientes, arañas y pulpos de anillos azules) presentan patrones visuales similares en su piel. El cerebro humano habría aprendido a asociar estos patrones con el peligro y la toxicidad. Por lo tanto, tu cerebro no odia el objeto, sino que está intentando protegerte de una posible amenaza biológica.
¿Tiene tratamiento?
Si la tripofobia interfiere con tu vida diaria o te impide navegar por internet con tranquilidad, la terapia psicológica (especialmente la de exposición gradual o la cognitivo-conductual) puede ayudarte a desensibilizar esa respuesta automática de asco.
Con información de psicologíaymente.com y tuasaude.com