Así es la vida: Un día escuché por casualidad

Un día escuché por casualidad lo siguiente en la gasolinera de mi vecindario:

—Su aceite está bien, pero necesita cambiar el motor.

 

Unos amigos míos estaban por cumplir 40 años, y uno de ellos nos invitó a una fiesta “retro”. Le conté a mi mamá —quien nos seguía viendo como adolescentes— sobre nuestros planes de divertirnos toda la noche, tomando vino y escuchando música rock. Ella me escuchó muy atenta, y luego dijo en tono preocupado:

—¿Y va a estar presente allí algún adulto?

 

Con razón…

Hace poco mi suegra se compró su primer teléfono celular, y la melodía del timbre era nada menos que la Obertura de Guillermo Tell.

—Recibo muchas llamadas, pero siempre cuelgan —le contó a mi esposo varios días después.

—Qué extraño —dijo él—. Te voy a llamar para ver qué sucede. Marcó el número de mi suegra, pero ella permaneció inmóvil durante más de un minuto mientras su celular sonaba y sonaba.

—¿Por qué no contestas? —le preguntó mi esposo.

—Ay, lo siento —dijo ella—. Pensé que tenía que esperar a que acabara la melodía.

 

Cierta vez, en la escuela, la maestra empezó a hacer preguntas al azar a cada uno de nosotros. Todos fueron respondiendo uno por uno, y finalmente me tocó a mí.

—Menciona un desastre natural —me dijo la maestra.

—La adolescencia —respondí.

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