La inteligencia artificial comienza su trayecto en las consultas de los médicos familiares, liberándolos de tareas rutinarias sobre interacciones, además de ayudando en el diagnóstico y seguimiento de enfermedades. Expertos han destacado su potencial en el mejoramiento de la calidad asistencial, siempre y cuando se use de forma ética y centrada en las personas.
En entrevista con Europa Press, Jaime Bona, médico de familia y comunitaria, así como coordinador del grupo de trabajo de Inteligencia Artificial y Salud Digital de la semFYC, comentó que la inteligencia artificial está empezando a abrirse paso en la atención primaria, estando en una fase inicial, pero con un enorme potencial como herramienta de apoyo para los profesionales de la salud.
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Añade que en los próximos años su uso podría ayudar a optimizar el tiempo en consulta y a mejorar la calidad de la atención.
Por ejemplo, dice, puede colaborar en la elaboración de resúmenes de informes clínicos, transcribir las consultas al historial del paciente, sugerir posibles diagnósticos a partir de síntomas frecuentes. Asimismo, puede alertar sobre interacciones entre medicamentos, clasificar los motivos de consulta, detectar señales de alarma en los datos del paciente, antes de que deriven en algo serio e incluso ayudar a organizar las agendas.
Bona subraya que ya están explorando aplicaciones en el análisis automático de imágenes médicas, como electrocardiogramas, radiografías o lesiones en la piel, y en la comunicación con los pacientes, por ejemplo, para el seguimiento de enfermedades crónicas o la resolución de dudas sencillas.
La inteligencia artificial es una tecnología que puede facilitar el trabajo del equipo sanitario, mejorando la experiencia del paciente, siempre que se valide correctamente y se utilice de forma ética, segura y centrada en las personas.
El especialista señala que la herramienta está convirtiéndose en una gran aliada de los médicos, siendo su mayor aportación el no sustituir el juicio clínico humano, sino liberar el tiempo para atender mejor a las personas.
Y es que la IA puede encargarse de las tareas rutinarias y así el médico gana minutos para escuchar, explorar, explicar y cuidar del paciente. Para Bona esta debería ser un segundo par de ojos o un copiloto, una herramienta de apoyo que sugiera, alerte y organice la información, pero no sustituya la decisión final del médico.

Entonces el profesional de la salud podrá revisar, comprender y valorar las recomendaciones de la inteligencia artificial, utilizándolas de forma crítica y fundamentada y no tomarlas como instrucciones que se siguen sin reflexión.
Todo debe integrarse en sistemas ágiles, intuitivos y adaptados al flujo real de trabajo y por encima de todo, debe preservarse la relación humana entre médico y paciente.
¿Qué cosas deben cuidarse del uso de la IA en la salud?
Jaime Bona afirma que si bien la tecnología tiene el potencial de aliviar la sobrecarga asistencial, también puede generar más burocracia; todo dependerá de cómo se diseñe e implemente y es que una mala integración (que mantenga las herramientas antiguas o añada más pasos y pantallas) sólo aumentaría la burocracia y la dependencia de sistemas aún poco eficientes.
Bona también advierte que la herramienta en ocasiones puede cometer errores o dar respuestas con mucha seguridad, pero basadas en información incompleta o inexacta. Además de que todavía existe poca transparencia sobre qué datos utiliza y cómo llega a sus conclusiones.
Él considera que otro tema importante es la protección de la privacidad y la confidencialidad de los datos de salud. Recomienda que para los médicos debe ser práctica y enfocada al día a día y no basada en largos cursos teóricos.
Lo importante es aprender a usar ese tipo de herramientas con criterio, saber cómo funcionan, en qué situaciones son fiables y en cuales conviene desconfiar y cómo revisar sus recomendaciones antes de aplicarlas, además de tener una formación en la protección de datos del paciente y en los aspectos éticos y legales del uso de la IA en la salud.


