La idea parece sacada de una novela de ciencia ficción, pero es una realidad biológica: aproximadamente 2,500 millones de personas en el mundo comparten su cerebro con un inquilino microscópico llamado Toxoplasma gondii.
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Durante décadas, los médicos nos dijeron que, una vez que el parásito se instalaba en nuestras neuronas, entraba en un estado de hibernación permanente. Sin embargo, un hallazgo publicado este 5 de febrero de 2026 ha encendido las alarmas en los laboratorios de neurociencia: este intruso no está durmiendo; está trabajando.
Se estima que un tercio de la humanidad camina con un pasajero microscópico en su cerebro. Hasta ayer, la medicina consideraba que el Toxoplasma gondii formaba quistes inertes y pasivos, esperando simplemente a que el sistema inmune bajara la guardia. Sin embargo, este estudio, cambia las reglas del juego.
No es un depósito, es un centro de mando
La investigación revela que los quistes que se alojan en nuestras neuronas, corazón y músculos no son estructuras “muertas”. Al contrario:
- Subpoblaciones especializadas: Cada quiste alberga parásitos con funciones distintas. Algunos se encargan de la resistencia, mientras otros están “programados” para una reactivación rápida.
- Actividad biológica constante: El parásito trabaja activamente para asegurar su supervivencia de por vida, lo que explica por qué los tratamientos actuales no pueden erradicar la infección crónica.
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¿Cómo llega a nosotros?
A pesar de la creencia popular, los gatos no son los únicos responsables. Las vías de contagio más comunes son:
- Carne mal cocida o cruda: La principal fuente de infección en adultos.
- Heces de gatos infectados: Por contacto directo o limpieza de cajas de arena sin protección.
- Agua o vegetales contaminados: Que han estado en contacto con el parásito.
Los riesgos reales: ¿Cuándo preocuparse?
En la mayoría de las personas, el sistema inmune mantiene al parásito a raya. Sin embargo, el riesgo aumenta drásticamente en dos escenarios:
- Embarazo: Puede causar daños graves en el desarrollo fetal si la madre se infecta por primera vez durante la gestación.
- Inmunosupresión: Si las defensas bajan (por estrés extremo, enfermedades o tratamientos médicos), el parásito puede reactivarse, provocando lesiones cerebrales u oculares serias.
El futuro del tratamiento
Este hallazgo es una luz de esperanza. Al entender que el parásito es biológicamente activo en su fase de quiste, los científicos pueden diseñar terapias de nueva generación que no solo controlen los síntomas, sino que ataquen directamente estos centros de mando en el cerebro.
Dato Clave: Actualmente, los fármacos solo eliminan al parásito cuando se reproduce rápido (fase aguda), pero no tienen efecto sobre los quistes. Este estudio es el primer paso para cambiar eso.