El norte de Chiapas es hoy el epicentro de una vigilancia científica intensiva. El Volcán Chichón, famoso por su devastadora erupción de 1982, ha roto su relativo silencio. Desde 2021, investigadores del Instituto de Geofísica de la UNAM han documentado una actividad inusual: un enjambre sísmico que suma más de 3,100 movimientos telúricos en los últimos cuatro años.
Aunque no hay señales de una erupción inminente, la Tierra está enviando mensajes claros que los especialistas están traduciendo día con día.
El “latido” constante del subsuelo
Un enjambre sísmico no es un evento aislado, sino una sucesión de pequeños sismos que delatan el movimiento de fluidos, gases o magma bajo nuestros pies.
- Las cifras: Se registran, en promedio, de seis a siete sismos diarios, pero ha habido jornadas críticas con hasta 140 eventos en 24 horas.
- La causa: Esta actividad sugiere que el sistema interno del volcán está liberando energía y ajustando presiones de forma constante.
Un lago que hierve y cambia de color
El cráter del Chichón alberga un lago hidrotermal que funciona como un termómetro natural. Los cambios detectados recientemente son notables:
- Temperaturas récord: En el subsuelo, el sistema ha alcanzado los 118 °C.
- Esferas de azufre: El burbujeo de gases es tan intenso que forma pequeñas esferas de azufre que flotan en la superficie, una señal inequívoca de actividad volcánica vigorosa.
- Química alterada: El aumento de sulfatos y sílice indica que el agua del lago está interactuando profundamente con los gases que emanan del volcán.
¿Es seguro visitar el cráter?
A pesar de ser un destino turístico popular, los científicos advierten sobre los riesgos invisibles. Inhalar los gases que emite el Chichón puede irritar las vías respiratorias y, en concentraciones altas, representar un peligro grave. Además, el terreno alrededor del lago es inestable y extremadamente caliente. La prevención es la mejor herramienta de supervivencia.
Vigilancia 24/7: El papel de la UNAM y Cenapred
La respuesta a la pregunta “¿podría entrar en erupción?” es compleja. Aunque hoy no hay evidencia de un desastre próximo, el Chichón es un volcán activo. La historia nos enseña que puede pasar décadas en calma antes de despertar súbitamente. Por ello, el monitoreo geoquímico y sísmico es la única vía para emitir alertas tempranas y proteger a las comunidades aledañas.