Mucho antes de que existiera el café como ritual cotidiano, en Mesoamérica ya se bebía una infusión oscura, aromática y profundamente nutritiva.
Un gran aliado
Provenía del árbol de Ramón (Brosimum alicastrum), nativo de la península de Yucatán.
Este milenario árbol —también llamado de capomo o de óox, como se le conoce en la cultura maya— fue parte primordial de su entorno y fue la base de su alimentación durante siglos.
Fue un gran aliado en la conservación de su fauna, construían sus hogares bajo su sombra y a su corteza le daban un sinfín de usos.
Imagen: Center for World Indigenous Studies.
Semilla con proteína… ¡una maravilla!
La semilla de Ramón es un alimento alto en proteína completa que, aunque es poco común en los alimentos de origen vegetal, cuenta con todos los aminoácidos esenciales para el ser humano.
Su semilla —el capomo— fue alimento clave para los mayas en épocas de abundancia… y, sobre todo, de escasez.
Imagen: Center for World Indigenous Studies.
Hoy, esa semilla regresa a la mesa con una fuerza inesperada. No como moda, sino como redescubrimiento.
“Es 100% mexicano… y siento que como los mayas lo tenían tan suyo, le tomó tiempo salir al mundo. Me siento muy bendecida de que nos haya elegido como guardianas”, comparte Claudia Lizaldi, actriz y conductora que ha probado las bondades del capomo desde hace siete años.
Tostado y molido, el capomo se transforma en una bebida que recuerda al café en color y cuerpo, pero sin cafeína. Y con algo más: una carga nutricional que hoy lo coloca en la conversación de los superfoods mexicanos.
¿Qué es el capomo y por qué está tomando auge?
El capomo es una semilla con alto valor nutricional: proteína, fibra, ácidos grasos esenciales, vitaminas, minerales y antioxidantes.
Tradicionalmente también se usó como harina sin gluten para atoles, panes y tortillas. Las hojas del árbol sirven para infusiones y forraje; su fruto es comestible; y el propio árbol regenera la tierra al fijar nitrógeno en el suelo.
En taza, su magia tiene nombre científico. “Contiene triptófano, un aminoácido precursor de la serotonina… por eso se sienten tan chill”, explica Claudia.
Esa es la clave de su nueva popularidad: energiza sin acelerar, ayuda al enfoque, mejora el estado de ánimo y favorece el descanso.
Beneficios que cobran sentido
- Mejor humor y menor estrés (triptófano → serotonina)
- Apoyo al sueño (regulación de melatonina)
- Saciedad natural por su fibra
- Alternativa al café para reducir cafeína sin perder el ritual
- Complemento nutricional con minerales y proteína
- Uso como harina libre de gluten en recetas dulces y saladas
- Tradición asociada a la lactancia (atoles postparto)
Un ritual cotidiano, no un sustituto
Para Eda Sampieri, experta en infusiones y cofundadora del proyecto ZenMaya junto con Claudia Lizaldo, el punto no es el reemplazo de bebidas, sino la ampliación del repertorio consciente.
“La gente está regresando a lo auténtico. Cuando descubrí el capomo entendí que había una posibilidad real de acompañar el cuerpo y las emociones desde un lugar más consciente”, platica.
“ZenMaya nace desde una pregunta muy sencilla, pero muy poderosa: ¿qué es lo que estamos haciendo hoy para cuidarnos en lo cotidiano? Más que lanzar una bebida venimos a compartir un ritual”.
La empresaria destacó que desde el primer día le impresionó el equilibrio entre la estabilidad energética y la versatilidad del capomo, siendo ideal para convertirse en un ritual cálido en cualquier rutina personal o familiar.
Eda Sampieri Tress, CEO y fundadora TRESSO, marca de infusiones, bienestar y estilo de vida y cofundadora de Zenmaya.
La recomendación de preparación también habla de pausa: prensa francesa, “que con su presión hace que la infusión tenga más cuerpo, se note más su sabor, su posgusto”, explica Eda.
Capomo, agua caliente, cuatro minutos, presión suave. Un gesto simple que devuelve una bebida deliciosa y benéfica.
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De herencia maya a taza contemporánea
Este redescubrimiento tomó forma pública en un encuentro íntimo en casa de Claudia. Entre copal, música prehispánica, un brunch y ejercicios sensoriales se presentó ZenMaya, una versión lista para infusionar del capomo recolectado a mano en Campeche y Quintana Roo, tostado y molido en Yucatán.
Pero más allá de la marca, lo que quedó fue la idea:
“Este proyecto no nació en una sala de juntas, nació en conversaciones profundas entre Claudia y yo”, dijo Eda.
“Es una bebida sagrada, es una bebida maya, es una bebida ancestral, es una bebida mexicana”, cerró Claudia.
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Versatilidad contemporánea
ZenMaya se adapta a múltiples estilos de vida y rutinas. Puede tomarse en ayuno, como cierre de una comida o como una pausa reconfortante al terminar el día. Puede disfrutarse solo, con miel o con cualquier tipo de leche vegetal.
“Lo probé con leche de almendra y quedó delicioso. Es una bebida cálida, suave, y los niños también la pueden tomar, ya que está llena de minerales como calcio, hierro, magnesio y potasio”, compartió Claudia.
Para Eda, su versatilidad la convierte en una opción contemporánea, “así como piensas en un matcha, en un mate, en un café o en un té, piensa en capomo, una bebida que fluye con tu vida, con tu mañana, tu trabajo, tu ejercicio, tu familia o con ese momento de paz antes de dormir”.
En tiempos de prisa, el capomo propone lo contrario: volver al origen, beber con calma y recordar que, a veces, el bienestar ya existía… solo hacía falta volver a mirarlo.