Independientemente de su función especializada, casi todas las células tienen los mismos componentes básicos: una membrana que las rodea, un núcleo que sirve de centro de control y la masa citoplásmica que es donde se lleva a cabo la mayor parte del trabajo.
Estructura básica de una célula
La membrana celular es una capa muy delgada y flexible que envuelve a la célula y la separa del exterior. Es semipermeable: deja pasar ciertas sustancias y bloquea otras, como un vigilante que controla qué entra y qué sale del “edificio celular”. Gracias a sus características físicas y químicas, reconoce a otras células, se comunica con ellas y participa en procesos clave como la adhesión y la señalización.
En condiciones normales, las células sanas obedecen estas señales. En el cáncer, sin embargo, muchas de estas señales de membrana y de otras rutas internas se alteran, lo que contribuye a que las células tumorales se descontrolen, se desprendan del tejido original e invadan otros órganos (metástasis), un fenómeno ligado a cambios en la comunicación y la adhesión celular.
El núcleo celular es el “centro de mando”. Contiene casi todo el material genético (ADN) y coordina las reacciones químicas que permiten a la célula crecer, dividirse y cumplir su función. En su interior se encuentran los cromosomas y estructuras como el nucléolo, implicado en la producción de ribosomas. Si se extrae el núcleo de una célula, esta pierde la capacidad de reproducirse y, aunque puede seguir funcionando un tiempo, termina por morir.
El citoplasma es la sustancia gelatinosa que rodea al núcleo. Allí se alojan numerosos organelos (mitocondrias, aparato de Golgi, retículo endoplásmico, lisosomas, entre otros), encargados de producir energía, fabricar y transportar proteínas, almacenar sustancias y eliminar desechos.
¿Cuánto viven las células?
La vida de una célula varía mucho según el tejido al que pertenezca. Algunas se renuevan continuamente y otras prácticamente duran toda la vida.
- Células de la piel y de la sangre
Tienen un ciclo de vida corto y se reemplazan de manera constante. Las capas más externas de la piel se renuevan en cuestión de semanas y las células sanguíneas, como los glóbulos rojos, viven alrededor de 120 días antes de ser sustituidas.
- Células del hígado y del músculo
Ciertas células musculares se dividen con mucha menos frecuencia, a veces tras varios años. Las células hepáticas, en cambio, pueden permanecer estables durante largo tiempo, pero tienen una notable capacidad de regeneración cuando el órgano sufre daño: si se extirpa una parte importante del hígado, las células restantes pueden entrar en mitosis (división celular) hasta recuperar el volumen perdido.
- Células del sistema nervioso
Muchas neuronas y algunas células del cerebro son altamente especializadas y, después de la infancia, prácticamente no se dividen. Si una lesión o enfermedad destruye estas células en la edad adulta, el organismo tiene una capacidad muy limitada para reemplazarlas, lo que explica por qué ciertos daños neurológicos son permanentes.
Comprender la estructura de la célula y la duración de vida de los diferentes tipos celulares ayuda a entender mejor cómo cicatrizan los tejidos, por qué algunos órganos se regeneran mejor que otros y cómo se originan enfermedades como el cáncer cuando los mecanismos de control de crecimiento se alteran.