Durante mucho tiempo se creyó que soñar era una experiencia exclusivamente humana.
Sin embargo, la ciencia ha demostrado que muchos animales también atraviesan fases de sueño similares a las nuestras, incluyendo el llamado sueño REM, etapa en la que ocurren la mayoría de los sueños.
El sueño en los perros
Uno de los casos más estudiados es el de los perros. Investigaciones han observado que, mientras duermen, presentan movimientos de patas, pequeños ladridos o espasmos.
Esto sugiere que podrían estar “reviviendo” experiencias del día, como correr o jugar, lo que apunta a la existencia de una forma básica de memoria onírica.
Sueño en los gatos
En el caso de los gatos, los estudios han sido aún más reveladores. Experimentos realizados en laboratorios mostraron que, al desactivar ciertas áreas del cerebro, los felinos actuaban físicamente durante el sueño, como si cazaran presas invisibles.
Esto permitió concluir que su cerebro sí genera escenarios internos, muy similares a los sueños humanos.
Sueños de las aves
Las aves también ofrecen pistas fascinantes. Algunas especies, como los pájaros cantores, repiten durante el sueño los patrones de canto que aprendieron durante el día.
Esto sugiere que los sueños podrían desempeñar un papel clave en el aprendizaje y la consolidación de habilidades.
¿Cómo lo sabemos?
Principalmente mediante técnicas como la electroencefalografía, que registra la actividad eléctrica del cerebro.
Gracias a estos estudios, se ha podido identificar cuándo un animal entra en fases de sueño profundo o REM, y cómo su actividad cerebral cambia de forma similar a la humana.
El fascinante caso de los pulpos
Incluso en animales muy distintos, como los pulpos, se han observado cambios de color y movimiento mientras duermen.
Estos comportamientos han llevado a los investigadores a pensar que podrían estar experimentando algo parecido a sueños, aunque en formas muy distintas a las nuestras.
¿Y el sueño en los peces?
En lugar de “dormir” profundamente, muchos peces entran en estados de reposo: reducen su actividad, bajan su metabolismo y responden menos a estímulos externos.
- Algunas especies incluso buscan refugio o permanecen casi inmóviles, como si estuvieran “desconectadas” parcialmente del entorno.
El gran misterio es que, al no presentar sueño REM detectable, los científicos no pueden confirmar que los peces sueñen como tal. A diferencia de perros, gatos o aves, no hay señales claras de actividad cerebral asociada con la recreación de experiencias.
- Aun así, estudios recientes sugieren que algunos peces sí tienen ciclos de actividad y descanso más complejos de lo que se pensaba.
Esto ha abierto la posibilidad de que, aunque no sueñen como nosotros, podrían tener formas muy distintas de procesar información durante el reposo.
Aunque aún no podemos saber exactamente qué “ven” o “sienten” los animales al soñar, la evidencia sugiere que el sueño cumple funciones fundamentales en muchas especies.