En la temporada de invierno, algunas personas notan que sus dedos se vuelven blancos, azulados o incluso violáceos al exponerse al frío. Este cambio suele ir acompañado de hormigueo, entumecimiento o dolor. Si te resulta familiar, podrías estar experimentando el fenómeno de Raynaud, un trastorno de la circulación más común de lo que se piensa.
Pero ¿por qué ocurre?, ¿es peligroso?, ¿cuándo conviene consultar al médico?
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¿Qué es el fenómeno de Raynaud?
El fenómeno de Raynaud es una alteración de la circulación sanguínea que afecta principalmente a los dedos de las manos y los pies, aunque también puede presentarse en la nariz, las orejas o los labios.
Se produce cuando los vasos sanguíneos pequeños se contraen de forma exagerada como respuesta al frío o al estrés emocional, reduciendo temporalmente el flujo de sangre hacia esas zonas.
Se produce cuando los vasos sanguíneos pequeños se contraen de forma exagerada como respuesta al frío o al estrés emocional.
¿Por qué los dedos cambian de color?
Este fenómeno suele manifestarse en fases sucesivas, responsables de los cambios de color característicos:
- Palidez (blanco): la contracción de los vasos disminuye el flujo sanguíneo hacia la piel.
- Coloración azulada o violácea: la sangre que queda en la zona pierde oxígeno.
- Enrojecimiento: al relajarse los vasos, la sangre vuelve de forma brusca, provocando calor y enrojecimiento.
No todas las personas experimentan todas las fases; algunas solo presentan dos de ellas.
¿Es una condición frecuente?
Se estima que entre 3 y 5 % de la población mundial presenta fenómeno de Raynaud. Es más común en mujeres y en personas que viven en climas fríos.
En la mayoría de los casos —alrededor del 90 %— se trata de una forma benigna, conocida como fenómeno de Raynaud primario, que no está asociada a ninguna enfermedad grave.
¿Cuándo puede ser señal de otro problema?
En un porcentaje menor de personas, el Raynaud puede ser secundario, es decir, estar relacionado con otras condiciones médicas.
Puede asociarse a:
- Enfermedades reumatológicas como esclerosis sistémica, lupus, síndrome de Sjögren o artritis reumatoide
- Trastornos vasculares o hematológicos
- Uso de ciertos medicamentos (por ejemplo, betabloqueadores o algunos quimioterápicos)
- Consumo de sustancias estimulantes
- Exposición prolongada a vibraciones (como herramientas industriales)
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Señales de alerta: ¿cuándo acudir al médico?
Conviene consultar a un profesional de la salud si:
- Los síntomas comienzan después de los 30 años
- Solo se afectan uno o dos dedos, o una sola mano
- Los episodios aparecen incluso con temperaturas templadas
- Los ataques son muy dolorosos o prolongados
- Surgen úlceras o heridas en las yemas de los dedos
Estos signos pueden indicar un Raynaud secundario que requiere estudio.
¿Cómo se diagnostica el fenómeno de Raynaud secundario?
El médico suele comenzar con una historia clínica detallada y estudios de laboratorio. Una prueba clave es la capilaroscopia periungueal, un estudio no invasivo que permite observar los capilares alrededor de las uñas mediante un microscopio.
Alteraciones en la forma, tamaño o número de capilares pueden sugerir una enfermedad subyacente. En algunos casos también se solicitan autoanticuerpos para descartar trastornos autoinmunes.
Tratamiento: cómo controlar los síntomas
La base del tratamiento es evitar los desencadenantes:
- Proteger manos y pies del frío con guantes y ropa térmica
- Evitar cambios bruscos de temperatura
- Mantener el cuerpo bien abrigado en general
- No fumar, ya que el tabaco contrae los vasos sanguíneos
- Reducir el estrés con técnicas de respiración y relajación
En la mayoría de los casos, estas medidas son suficientes para controlar los síntomas.
Cuando los episodios son frecuentes, intensos o afectan la calidad de vida, el médico puede indicar medicamentos vasodilatadores, como los bloqueadores de los canales de calcio, que ayudan a reducir la frecuencia y gravedad de los ataques.
Vivir con Raynaud en invierno
El fenómeno de Raynaud puede resultar incómodo, pero en la mayoría de los casos no es grave. Identificar los factores desencadenantes y protegerse del frío permite llevar una vida normal y disfrutar del invierno con menos molestias.