Investigadores descubrieron evidencia genómica directa de la bacteria responsable de la “peste de Justiniano” que se ubicó en el Mediterráneo oriental. Este brote apareció descrito por primera vez hace 1,500 años. Este descubrimiento se realizó por un equipo interdisciplinario de la Universidad del Sur de Florida y la Universidad Atlántica de Florida.
Estas instituciones también tuvieron la colaboración de investigadores de la India y Australia. Ellos identificaron a Yersinia pestis, microbio causante de la peste. El patógeno fue localizado en una fosa común de la antigua ciudad de Jerash, Jordania, cerca del epicentro de la pandemia.
El hallazgo vincula definitivamente al patógeno con la “peste de Justiniano“, evento que se enmarcó como la primera pandemia (541 a 750 después de nuestra era). Señalar que durante muchos años los historiadores han deliberado sobre las causas del brote que mató a mucha gente, transformando al Imperio Bizantino. A pesar de la evidencia circunstancial, la prueba directa del microbio responsable había permanecido esquiva.
Dos artículos publicados recientemente, liderados por las dos instituciones académicas, brindan las respuestas, ofreciendo una nueva perspectiva sobre uno de los episodios trascendentales de la historia.
El hallazgo se presentó en la revista Genes, y subraya la relevancia actual de la peste, que si bien es poco común, la Yersinia pestis sigue estando presente por todo el mundo, y es que de hecho en julio un residente del norte de Arizona falleció a causa de la peste neumónica, la forma más letal de la bacteria, lo que la enmarca como la primera de este tipo en Estados Unidos desde el 2007 y la semana pasada otra persona en California dio positivo a la enfermedad.
En un comunicado, el doctor Rays H. Y. Jiang, investigador principal de los estudios y profesor asociado de la Facultad de Salud Pública de la USF, señaló que durante años se han basado en relatos escritos que describen una enfermedad devastadora, pero se desconocía evidencia biológica sólida de la presencia de la peste, aportando sus hallazgos la pieza que faltaba en el rompecabezas y dando la primera ventana genética directa a cómo se desarrolló la pandemia en el Imperio Bizantino.
El coautor y profesor de investigación del Instituto Oceánico Harbor Branch de la FAU y explorador de la National Geographic declaró que utilizando técnicas específicas de ADN antiguo recuperaron y secuenciaron con éxito material genético de ocho dientes humanos excavados en cámaras funerarias bajo el antiguo hipódromo romano de Jerash, una ciudad a 320 kilómetros del antiguo Pelusio.
Este sitio es relevante debido a que la peste de Justiniano apareció por primera vez en el registro histórico en Pelusio (actualmente conocida como Tell el-Farama), en Egipto, antes de extenderse por todo el Imperio Romano de Oriente.
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Hay que decir que, si bien se habían recuperado restos de la bacteria, esto fue a miles de kilómetros de distancia, en pequeñas aldeas de Europa occidental, sin encontrar evidencia dentro del propio imperio ni cerca del corazón de la pandemia.
Aclarar que la arena antes mencionada se había convertido en una fosa común entre mediados del siglo VI y principios del VII, cuando los registros escritos describen una repentina ola de mortalidad.
El análisis genómico reveló que las víctimas de la peste portaban cepas casi idénticas a la Yersinia pestis, lo que confirmaría por primera vez la presencia de la bacteria en el Imperio Bizantino entre los años 550 y 660 después de nuestra era. Esta uniformidad genética sugiere un brote rápido y devastador, coherente con las descripciones históricas de una plaga que causó decenas de vidas.
El yacimiento de Jerash, afirma Jiang, ofrece una visión excepcional de cómo respondieron las sociedades antiguas a desastres de salud pública. Esta locación fue una de las ciudades clave del Imperio Romano de Oriente y demuestra cómo los centros urbanos probablemente se vieron desbordados.
Un estudio complementario publicado en Pathogens, también dirigido por las universidades, sitúa el descubrimiento de Jerash en un contexto evolutivo más amplio. Al analizar cientos de genomas antiguos y modernos de la bacteria, incluyendo los recientemente recuperados de la locación. Los investigadores demostraron que el patógeno había circulado entre las poblaciones humanas durante milenios, antes del brote de Justiniano.
El equipo también descubrió que las pandemias de las pestes posteriores, desde la peste negra del siglo XIV hasta los casos que aún aparecen en la actualidad, no descendieron de una única cepa ancestral; en cambio, surgieron de forma independiente y repetida a partir de reservorios animales de larga data, estallando en múltiples oleadas en diferentes regiones y épocas.