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Un estudio reciente confirma que ratones y humanos comparten mecanismos cerebrales similares para procesar olores con una sola inhalación. Esta investigación abre nuevas vías para entender y tratar enfermedades relacionadas con el olfato.
Un olfateo intencional y coordinado en ratones y humanos
Investigadores de la Universidad Northwestern, Estados Unidos, publicaron dos estudios en Science Advances que revelan cómo ratones y humanos utilizan un sistema neurofisiológico común para oler deliberadamente su entorno. Aunque el olfateo de los ratones es más breve, ambos mamíferos comparten el mismo ritmo cerebral subyacente para procesar olores.
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El acto voluntario del olfateo en ratones
Los científicos observaron que los ratones sincronizan un único olfateo con la manipulación de alimentos, coordinando manos, cabeza y respiración. Este comportamiento no es reflejo, sino intencional, como explica John M. Barrett, autor principal: “Los ratones incluso mueven las manos mientras olfatean, lo que demuestra que es un acto voluntario: lo hacen a propósito”.
Implicaciones para enfermedades neurológicas
El estudio destaca que alteraciones en el comportamiento olfativo están relacionadas con trastornos como autismo, Alzheimer y Parkinson. Comprender estos mecanismos básicos podría facilitar diagnósticos tempranos y tratamientos más efectivos.
El ritmo theta en el cerebro humano
En humanos, una sola inhalación genera ondas cerebrales de baja frecuencia llamadas oscilaciones theta (2-8 Hz) en el bulbo olfatorio, similares al ritmo de olfateo de los roedores. Este patrón ayuda a organizar la actividad cerebral rápida durante el procesamiento del olor, según el segundo estudio.
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Andrew Sheriff, primer autor, señala: “Saber que contamos con este conjunto de mecanismos conservados evolutivamente nos ayuda a comprender cómo funcionan los cerebros de los mamíferos, lo que, en última instancia, podría ayudarnos a entender cómo fallan en las patologías”.
Conclusión
Estos hallazgos revelan que el sistema olfativo de mamíferos como ratones y humanos comparte reglas biológicas fundamentales y un diseño básico conservado a lo largo de la evolución. Esta comprensión puede ser clave para avanzar en la neurociencia y en el tratamiento de enfermedades relacionadas con el olfato.
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