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Un innovador entrenamiento acústico permite al cerebro humano desarrollar ecolocalización en apenas 10 semanas, transformando áreas visuales para interpretar ecos sonoros.
El poder oculto de la ecolocalización en humanos
La habilidad de navegar mediante sonidos en la oscuridad, antes considerada exclusiva de animales como murciélagos, delfines y ballenas, ahora se demuestra posible en humanos. Un estudio de la Universidad de Durham publicado en PLOS One revela que, con un entrenamiento basado en chasquidos verbales, el cerebro puede adaptarse para procesar ecos en solo 10 semanas.
Transformación cerebral gracias a la neuroplasticidad
Investigadores analizaron la respuesta del sistema nervioso central en personas ciegas y con visión tras someterlas a este programa acústico. Publicado en Cerebral Cortex, el análisis mostró cambios significativos en la estructura cerebral, donde la corteza visual primaria (V1) comenzó a procesar ecos sonoros, una función tradicionalmente auditiva.
Mediante resonancias magnéticas, se observó que la región V1 desarrolló sensibilidad hacia los ecos, evidenciando que la plasticidad neuronal adulta no requiere largos periodos de privación sensorial para reorganizarse.
Los científicos afirmaron: “Mostramos aquí, por primera vez, cambios cerebrales funcionales y estructurales en las áreas sensoriales primarias V1 y A1 en personas ciegas y videntes que aprenden ecolocalización basada en clics en la edad adulta”. Además, destacaron que estos hallazgos son clave frente a estudios previos.
Comparación con la evolución del sistema auditivo en cetáceos
Un estudio complementario en PLOS One comparó la evolución del sistema auditivo en cetáceos durante 30 millones de años para entender mejor las vías nerviosas implicadas. Se analizaron cerebros de delfines, capaces de ecolocalizar, y ballenas barbudas, que no poseen esta facultad pero tienen un oído muy desarrollado.
Ambas especies mostraron similitudes anatómicas, salvo que los delfines tienen una conexión cerebral hacia el cerebelo más desarrollada y resistente. El biólogo Peter Tyack, del Woods Hole Oceanographic Institution, explicó que el cerebelo no solo controla equilibrio y movimiento, sino que también integra información sensorial y motora, siendo un centro de predicción rápida.
Implicaciones y futuro de la investigación
Estos datos confirman que las adaptaciones cerebrales para la ecolocalización pueden surgir en regiones relacionadas con el tacto o movimiento antes que en áreas visuales. El científico marino Peter Cook, del New College of Florida, subrayó la relevancia tecnológica para desentrañar estos sistemas nerviosos y comprender su funcionamiento.
Este avance abre nuevas fronteras en el estudio del cerebro y su capacidad para adaptarse, ofreciendo posibilidades para entrenamientos sensoriales que potencien habilidades humanas hasta ahora consideradas exclusivas de ciertas especies animales.
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