Puede llegar a pensarse que la obesidad afecta a todos por igual, sin embargo, la realidad médica es mucho más compleja y depende directamente de si eres hombre o mujer. Y es que investigadores han descubierto patrones de riesgo cardiovascular y metabólico que hasta ahora no se habían diferenciado con tanta claridad.

Una nueva investigación de la Universidad Dokuz Eylül, Turquía, reveló patrones distintos de riesgos para la salud cardiovascular, metabólica e inflamatoria entre hombres y mujeres que viven con obesidad, lo que proporciona información sobre cómo los médicos pueden adaptar los enfoques de tratamiento.



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El estudio demuestra que los hombres con obesidad parecen ser más propensos a desarrollar grasa abdominal (visceral), un factor clave en el desarrollo de riesgos cardiovasculares y metabólicos importantes, así como niveles elevados de enzimas hepáticas, un indicador de daño hepático.

En el caso de las mujeres con obesidad, parecen tener mayor probabilidad de desarrollar inflamación sistémica y colesterol alto, lo que puede derivar en enfermedades cardiacas y diabetes tipo 2.

Obesidad diferencias
Las diferencias sexuales no sólo influyen significativamente en la patología y la evolución de la obesidad

Zeynep Pekel, autora principal del estudio e investigadora de la Universidad Dokuz Eylül de Izmir, comentó que esto demuestra la importancia de la investigación específica de género. Las diferencias sexuales no sólo influyen significativamente en la patología y la evolución de la obesidad, sino que sus resultados indican que dichas diferencias podrían ser un paso fundamental para encontrar terapias dirigidas y específicas para cada sexo que ayuden en el manejo de las personas con obesidad.

Mencionar que la obesidad es una enfermedad crónica compleja caracterizada por diversas respuestas metabólicas e inflamatorias. El sexo biológico influye en la distribución del tejido adiposo, el metabolismo hepático y la actividad inflamatoria sistémica.

Sin embargo, no se dispone de perfiles de marcadores cardiometabólicos e inflamatorios diferenciados por sexo en adultos con obesidad.

Para abordar esta laguna de conocimiento, los investigadores analizaron datos de 886 mujeres (con una edad promedio de 45 años) y 248 hombres (con edad promedio de 41 años) con obesidad que acudieron a la Clínica de Obesidad del Departamento de Medicina Interna  Facultad de Medicina de la Universidad Dokuz Eylül entre 2024 y 2025, para comparar parámetros antropométricos, metabólicos e inflamatorios e identificar patrones específicos de cada sexo.

Todos los participantes se sometieron a mediciones físicas (altura, peso, IMC y presión arterial) y a evaluaciones exhaustivas de los perfiles lipídicos sanguíneos para cuantificar los factores de riesgo cardiovascular (es decir, colesterol total, lipoproteína de baja densidad [LDL] o colesterol “malo”, lipoproteína de alta densidad [HDL] o colesterol “bueno”, triglicéridos, glucosa en sangre en ayunas).

También se evaluaron marcadores bioquímicos de la función hepática (niveles de alanina aminotransferasa y gamma-glutamil transferasa) y renal (niveles de creatinina), así como parámetros inflamatorios (proteína C reactiva, velocidad de sedimentación globular, recuento de glóbulos blancos y recuento de plaquetas).

El análisis reveló que en promedio, los hombres tenían un índice de masa corporal ligeramente superior al de las mujeres (37.5 frente a 36 kg/m), pero su circunferencia de cintura era significativamente mayor (120 frente a 108 centímetros), mientras que la presión arterial sistólica tendía a ser más alta (128 frente a 122 mmHg).

Ambos factores están asociados a diversos problemas de salud, como enfermedades cardiovasculares y diabetes.

Asimismo, los niveles de enzimas hepáticas (ALT y GGT) y de triglicéridos estaban significativamente elevados en los hombres, al igual que los niveles de creatinina, lo que puede provocar diversas complicaciones, incluida la enfermedad hepática.



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Las mujeres presentaron niveles significativamente más altos de colesterol total (215 frente a 203 mg/dL) y colesterol LDL o colesterol “malo” (130 frente a 123 mg/dL) que los hombres. | Foto: Pexels.

En cambio, las mujeres presentaron niveles significativamente más altos de colesterol total (215 frente a 203 mg/dL) y colesterol LDL o colesterol “malo” (130 frente a 123 mg/dL) que los hombres.

Además, los marcadores inflamatorios, como la velocidad de sedimentación globular, la proteína C reactiva y el recuento de plaquetas también fueron significativamente más altos que las mujeres.

Los autores del estudio explicaron que las diferencias de sexo en hormonas, respuesta inmunitaria y distribución de la grasa ayudan a explicar los patrones observados.

Por ejemplo, las hormonas (especialmente el estrógeno) afectan la forma en que se almacena y cómo responde el cuerpo a la inflamación.

Las mujeres tienden a almacenar más grasa subcutánea y presentan un perfil inflamatorio diferente, que se manifiesta en niveles más altos de marcadores, como la proteína C reactiva y la velocidad de sedimentación globular.

Además las mujeres suelen tener una respuesta inmunitaria más fuerte, relacionada en parte con factores genéticos como el cromosoma X; en cambio, los hombres tienden a acumular más grasa alrededor de los órganos internos, lo que está más estrechamente vinculado a complicaciones metabólicas.

Para los autores del estudio, aún es pronto y sus hallazgos deben confirmarse por otros grupos de pacientes, pero ofrecen información importante sobre cómo la obesidad puede afectar de manera directa a hombres y mujeres.

Afirman que es probable que estas diferencias estén influenciadas por factores biológicos como las hormonas, las respuestas inmunitarias y la distribución de la grasa.

Para los estudiosos sus próximos pasos consisten en validar los hallazgos en poblaciones más amplias, comprender mejor los procesos biológicos que subyacen a estas diferencias y explorar cómo estos patrones se relacionan con el riesgo clínico.

Reconocen varias limitaciones del estudio, entre ellas su diseño transversal, que impide establecer relaciones causales y la posible presencia de factores de confusión y errores de causalidad inversa.

Del mismo modo, señalan que el estudio se centra principalmente en adultos de la etnia turca, lo que dificulta una generalización de los resultados a otras etnias, por lo que un estudio de mayor envergadura podría confirmar y ampliar los resultados.

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Licenciado en Comunicación por la Facultad de Estudios Superiores Acatlán que se desempeña en la redacción de notas y contenidos informativos sobre turismo, salud, tecnología y otros temas de interés general. MÁS DEL AUTOR

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