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Cada mañana, el Sol aparece en el horizonte como si fuera eterno. Ha iluminado la Tierra durante miles de millones de años y parece imposible imaginar un día en el que deje de brillar.
Sin embargo, la astronomía tiene claro que nuestra estrella, como todas las demás, también tiene un ciclo de vida.
- La gran pregunta no es si el Sol morirá, sino quién, si es que alguien, llegará a presenciar ese momento.
Larga vida al Sol
Los científicos calculan que el Sol nació hace aproximadamente 4 mil 600 millones de años. Desde entonces, ha generado la energía que hace posible la vida en la Tierra al transformar hidrógeno en helio mediante un proceso conocido como fusión nuclear.
Pero ese combustible no es infinito.
Aunque no debemos preocuparnos, porque ocurrirá dentro de un tiempo difícil de imaginar, los astrónomos estiman que al Sol todavía le quedan alrededor de 5 mil millones de años de vida antes de entrar en su etapa final.
- Cuando ese momento llegue, nuestra estrella comenzará a cambiar.
Fin de nuestra estrella
El hidrógeno de su núcleo empezará a agotarse y el Sol se expandirá de manera gigantesca hasta convertirse en una gigante roja. Su tamaño aumentará cientos de veces y su brillo será muy distinto al que conocemos hoy.
Las consecuencias para el Sistema Solar serán enormes.
El fin de Mercurio y Venus
Los modelos científicos indican que Mercurio y Venus probablemente serán absorbidos por la estrella en expansión.
En cuanto a la Tierra, todavía existen diferentes estudios sobre su destino exacto. Algunos sugieren que también podría ser engullida, mientras que otros plantean que sobreviviría en una órbita ligeramente más lejana.
En cualquier caso, nuestro planeta dejaría de ser habitable mucho antes debido al aumento extremo de la temperatura.
Fin de la tierra cómo la conocimos
Los océanos se evaporarían, la atmósfera cambiaría profundamente y cualquier forma de vida conocida desaparecería mucho antes del final definitivo del Sol.
Sin embargo, la historia de nuestra estrella no terminará ahí.
Después de expulsar sus capas exteriores al espacio, el Sol dará origen a una espectacular nebulosa planetaria, una enorme nube de gas brillante que podrá extenderse por miles de millones de kilómetros. En su centro quedará una enana blanca, un pequeño núcleo extremadamente caliente y denso, aproximadamente del tamaño de la Tierra, que conservará buena parte de la masa del Sol.
Durante miles de millones de años más, esa enana blanca continuará enfriándose lentamente, hasta perder casi toda su energía.
Entonces surge la pregunta más fascinante.
¿Habrá alguien para contemplar ese espectáculo?
Nadie puede responderlo.
Dentro de 5 mil millones de años, la humanidad podría haber desaparecido, como ocurrió con innumerables especies que habitaron la Tierra antes que nosotros.
Pero también existe otra posibilidad.
Si nuestra especie logra sobrevivir durante millones o incluso miles de millones de años, quizá sus descendientes ya no vivan en la Tierra. Tal vez hayan construido civilizaciones alrededor de otras estrellas o aprendido a viajar entre sistemas solares.
En ese caso, podrían observar desde una enorme distancia cómo la estrella que dio origen a su historia se transforma lentamente hasta extinguirse.
Incluso es posible que ninguna civilización humana llegue a verlo, pero que seres inteligentes de otro lugar de la galaxia contemplen el nacimiento de la nebulosa formada por un Sol que alguna vez dio vida a un pequeño planeta azul.
La astronomía nos enseña que nada en el universo es eterno. Las estrellas nacen, evolucionan y mueren. Las galaxias cambian. Los planetas aparecen y desaparecen. Incluso el universo continúa transformándose desde hace casi 13 mil 800 millones de años.
Quizá por eso la pregunta no sea únicamente quién verá morir al Sol.
También nos invita a pensar cuánto podrá avanzar la humanidad antes de que llegue ese día y cuál será el legado de una civilización que, durante un breve instante de la historia del cosmos, logró comprender el destino de la estrella que hizo posible su existencia.
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