Gracias a la imaginación es que podemos revivir sucesos pasados mientras realizamos otras acciones, como caminar, ensayar conversaciones futuras mediante el diálogo interno o sentir el fuego del calor sin tocarlo. Lo que te permite aprender, planificar y evitar el peligro sin tener una experiencia directa.
Y si bien es una de las capacidades más poderosas de nuestro cerebro, la razón por la que suele ir acompañada de imágenes mentales sigue siendo una incógnita.
Y es que por ejemplo cuando piensas en una manzana puedes ver, como muchos, una imagen de la fruta en tu mente. En otro caso, cuando piensas en tu canción favorita, hay quienes la escuchan en su mente, incluyendo la voz y letra.
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Señalar que se ha creído que las imágenes mentales dependen principalmente de la reactivación de las regiones sensoriales del cerebro en ausencia de estímulos, un proceso conocido como reinstauración sensorial.
Cómo el cerebro genera la imaginación
En este contexto, en un nuevo estudio de la Universidad de Northwestern, Estados Unidos, se observó en exploraciones de resonancia magnética funcional de precisión que la viveza de la imaginación se relacionó con la actividad en redes cerebrales de orden superior.
Los hallazgos fueron publicados en la revista Neuron, y sugieren que las imágenes mentales están estrechamente ligadas a funciones cognitivas de nivel superior, en lugar de ser un fenómeno estrictamente sensorial.
Para el estudio los científicos le pidieron a los participantes que imaginaran diferentes escenarios, como la fiesta de cumpleaños de un niño o un castillo en la cima de una colina, mientras se sometían a una resonancia magnética funcional (RMf) de alta precisión a nivel individual.
Los resultados sugieren que la imaginación no es simplemente una copia de la sensación; en cambio, parece surgir en etapas posteriores del procesamiento, cuando el cerebro representa la información de forma holística como escenas, palabras, eventos o ideas, en lugar de como información sensorial pura.

Al respecto, Rodrigo Braga, profesor adjunto de neurología en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, declaró que cuando le pides a alguien que imagine el sonido de una fiesta de cumpleaños infantil no sólo lo oye, sino que también visualiza automáticamente la escena.
Añade el autor principal de la investigación que, tiene sentido que la imaginación opere en este espacio holístico y de nivel superior, dado que la utilizamos para planificar, comprender y especular.
Los resultados sugieren que las imágenes mentales están estrechamente ligadas a funciones cognitivas de nivel superior, en lugar de ser un fenómeno estrictamente sensorial.
Braga abunda que su estudio no refuta la teoría de la reinstauración sensorial, pero si sugiere que se debe perfeccionar. No sólo intervienen las partes sensoriales del cerebro. Cuando las personas imaginan escenas vívidas o un diálogo interno, la mayor coincidencia con la percepción se produce en etapas posteriores, cuando la sensación se ha transformado en significado.
Ocho fueron los participantes que imaginaron diferentes escenarios durante ocho sesiones de RMf distintas, como parte de un estudio que generó más de 60 horas de datos.
Los científicos mapearon las redes sensoriales y de asociación de cada participante y compararon la actividad cerebral durante la imaginación con la actividad durante la percepción real. Descubriendo que la actividad cerebral relacionada con la imaginación y la percepción se superponía en las áreas de asociación de nivel superior, no en las áreas sensoriales tempranas.
El autor indicó que estas áreas de asociación son particularmente interesantes porque están mucho más desarrolladas en el cerebro humano que en nuestros ancestros evolutivos más cercanos.
Añade que también permiten a los humanos realizar tareas en las que los humanos actuales son particularmente avanzados, como comunicarnos mediante el lenguaje. Esto sugiere que la generación de imágenes mentales depende de redes cerebrales especialmente prominentes en el cerebro humano e indica que estas áreas de asociación probablemente trabajan con partes sensoriales más tempranas del cerebro para generar experiencias mentales.
Tras salir del escáner, los participantes relataron lo que habían imaginado dentro del mismo, permitiendo a los científicos relacionar los informes subjetivos de cada participante sobre cada elemento imaginado con sus propios patrones de actividad cerebral.
Los participantes informaron haber experimentado imágenes visuales vívidas al imaginar escenas e imágenes auditivas vívidas al imaginar conversaciones.

Los datos respaldaron dos conclusiones sobre la imaginería mental; primero, los distintos tipos de imaginación activan distintas redes neuronales, explica el autor principal. Cuando las personas imaginaban escenas activaban partes de una red denominada “red por defecto” que trabaja con el hipocampo (estructura clave de la memoria) para sustentar el pensamiento interno como cuando pensamos en el pasado o futuro.
Pero cuando utilizaban el diálogo interno o pensaban en el lenguaje activaban la red del lenguaje.
A pesar de estas diferencias en ambos casos la imaginación se superpuso con la percepción principalmente en regiones cerebrales transmodales de alto nivel en lugar de en regiones específicas de los sentidos.
Las actividades en estas regiones de asociación también reflejaron la viveza con la que los participantes describían sus imágenes, lo que sugiere que la imaginación naturalista depende específicamente de sistemas interpretativos de orden superior.
Los resultados ampliaron la comprensión de los científicos de cómo el cerebro sustenta formas de pensamiento autogeneradas e independientes de los sentidos.
Braga señala que los hallazgos no significan que la corteza sensorial del cerebro sea irrelevante, sino que sugieren una comprensión más matizada de cómo ese órgano genera imágenes mentales.


