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La posibilidad de clonar a tu mascota ha pasado de la ciencia ficción a la realidad. Desde la clonación de la oveja Dolly hace casi 30 años, la tecnología se ha perfeccionado y hoy existen empresas que ofrecen este servicio por alrededor de 50,000 dólares.
Celebridades como Paris Hilton, Barbra Streisand y Tom Brady ya han recurrido a esta opción para replicar a sus animales de compañía.
Sin embargo, la gran pregunta es si al clonar a tu mascota se obtiene la misma personalidad. La historia de Kelly Anderson y su gata Chai ilustra este dilema.
Tras la muerte de su felina, decidió clonarla y obtuvo a Belle, un animal físicamente similar pero con rasgos de comportamiento distintos. Belle resultó más sociable y extrovertida, mientras que Chai era reservada y distante.
Ciencia y personalidad
Los estudios señalan que la clonación puede reproducir ciertos rasgos generales, como niveles de actividad o sociabilidad, pero no garantiza aspectos relacionados con el aprendizaje o la interacción social.
Investigaciones con perros clonados mostraron temperamentos consistentes en algunos rasgos, aunque las respuestas al miedo y la curiosidad variaban.
Un análisis con minicerdos clonados en 2025 reforzó esta idea: algunos rasgos se mantienen gracias a la genética, pero otros dependen más de las experiencias de vida.
Los expertos comparan este fenómeno con los gemelos idénticos: comparten ADN, pero desarrollan personalidades diferentes.
Procedimiento y riesgos
El proceso de clonación implica extraer óvulos, implantarlos en una madre sustituta y esperar a que se desarrollen embriones viables. La tasa de éxito es baja, cercana al 16%, y algunos animales presentan malformaciones.
Aunque las empresas aseguran mejoras, los científicos advierten que nunca se logrará una copia exacta de la personalidad original.
En última instancia, clonar a tu mascota puede ofrecer un animal parecido en apariencia y temperamento, pero siempre será único. Las experiencias vividas moldean a cada ser, y esa singularidad no puede replicarse.
La clonación abre un debate ético y emocional, pero también invita a valorar que cada mascota es irrepetible. Explorar esta ciencia nos recuerda que la verdadera conexión con los animales surge de compartir momentos y experiencias.
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