Todos lo hemos hecho alguna vez. Ya sea por educación, por pena o porque el momento simplemente no es el adecuado, muchas personas intentan contener un estornudo o evitar expulsar un gas.
Pero, ¿qué ocurre dentro del cuerpo cuando hacemos esto? ¿Es solo una molestia pasajera o puede representar un riesgo para la salud?
Aunque en la mayoría de los casos no sucede nada grave, los especialistas coinciden en que reprimir estas funciones naturales del organismo de forma frecuente no es una buena idea.

¿Qué pasa cuando te aguantas un estornudo?
El estornudo es un reflejo de defensa que ayuda al organismo a expulsar partículas de polvo, alérgenos, virus, bacterias o cualquier otro irritante que haya entrado en la nariz.
Cuando una persona intenta detener un estornudo tapándose la nariz y la boca, la presión generada por el aire no desaparece; simplemente cambia de dirección y se distribuye hacia otras zonas del cuerpo.
En la mayoría de las personas esto no provoca consecuencias importantes, pero en casos poco frecuentes puede ocasionar:
- Lesiones en el tímpano o molestias en los oídos.
- Daño en los senos paranasales.
- Pequeñas lesiones en vasos sanguíneos de los ojos o la nariz.
- En situaciones excepcionales, se han reportado lesiones más graves como desgarros en la garganta o complicaciones relacionadas con la presión interna.
Estos casos son muy poco comunes, pero sirven para recordar que el cuerpo está diseñado para liberar esa presión de manera natural.
¿Es mejor dejar salir el estornudo?
Sí, siempre que sea de forma segura.
La recomendación es no bloquear completamente el estornudo. En cambio, lo ideal es cubrirse con el antebrazo o utilizar un pañuelo desechable para evitar la propagación de microorganismos, especialmente si se tiene un resfriado o una infección respiratoria.
Después, es importante lavarse las manos o utilizar gel antibacterial si se tocó la nariz o el pañuelo.
¿Qué sucede cuando te aguantas los gases?
Los gases intestinales son una parte normal de la digestión. Se producen por el aire que tragamos al comer y por la fermentación de ciertos alimentos en el intestino, realizada por las bacterias que forman parte de la microbiota intestinal.
Cuando una persona decide no expulsarlos, estos no desaparecen.
Generalmente, el gas se desplaza por el intestino hasta salir más tarde o, en algunos casos, una parte puede ser absorbida por el organismo y eliminarse a través de la respiración.
Sin embargo, mientras permanece atrapado puede provocar:
- Distensión abdominal.
- Inflamación.
- Dolor o cólicos.
- Sensación de pesadez o incomodidad.
Aunque aguantarse los gases de forma ocasional no suele ser peligroso, hacerlo constantemente puede aumentar las molestias digestivas y afectar el bienestar diario.
¿Cuándo pueden indicar un problema de salud?
Si los gases, el dolor abdominal o la inflamación aparecen con frecuencia, son muy intensos o se acompañan de síntomas como pérdida de peso, sangrado, fiebre, vómito persistente o cambios importantes en las evacuaciones, es recomendable acudir con un profesional de la salud.
Estos síntomas podrían estar relacionados con trastornos digestivos que requieren una valoración médica.
Escuchar al cuerpo también es salud
Tanto el estornudo como la expulsión de gases son mecanismos naturales que ayudan al organismo a funcionar correctamente.
Aunque por cuestiones sociales muchas personas intentan reprimirlos, hacerlo de forma ocasional generalmente no representa un riesgo importante. Sin embargo, convertirlo en un hábito puede generar molestias y, en el caso de los estornudos, aumentar la presión dentro del cuerpo de manera innecesaria.
La mejor opción es permitir que estas funciones ocurran cuando sea posible, siempre respetando las medidas de higiene y de convivencia, como cubrirse al estornudar y procurar hacerlo en un lugar adecuado cuando se trate de los gases.
Al final, escuchar las señales del cuerpo también forma parte del cuidado de la salud.


