Si bien el ejercicio reduce los riesgos de enfermedades cardiacas, accidentes cerebrovasculares y diabetes y si eres una persona naturalmente madrugadora o nocturna (una disposición innata que afecta los patrones de sueño-vigilancia, la secreción hormonal y la disposición de energía a lo largo del día) influye en el rendimiento y constancia en el ejercicio, según investigadores.
Aunque no está claro si los beneficios del ejercicio podrían depender del momento en que se realice en relación con el cronotipo de la persona.
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Para poder averiguarlo, investigadores de la LA Universidad de Lahore (Pakistán), evaluaron los cronotipos de 150 personas de entre 40 y 60 años, utilizando el Cuestionario de Matutinidad-Vespertinidad y la temperatura corporal central durante 48 horas.
Todos los participantes presentaban al menos un factor de riesgo cardiovascular, como hipertensión arterial, sobrepeso u obesidad y un estilo de vida sedentario (actividad física estructurada nula o mínima en los últimos tres meses).
Asimismo, se incluyeron participantes con antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura (58%; 43%). Esto se definió como que un familiar varón de primer grado hubiera padecido la enfermedad antes de los 55 años o una familiar mujer de primer grado antes de los 65 años.
El trabajo se publicó en la revista Open Heart confirmó que programar el ejercicio para que coincida con el cronotipo del reloj biológico puede reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares entre las personas que ya son vulnerables.

Los resultados indican que la alineación del cronotipo mejoró la calidad del sueño y redujo los factores de riesgo, como la presión arterial alta, la glucosa en ayunas y el colesterol “malo”, de forma más eficaz que la desincronización del ejercicio.
Los hallazgos llevan a los investigadores a sugerir que la evaluación del cronotipo individual debería incluirse en las prescripciones de ejercicio para aquellas personas con riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
A los participantes se les asignó aleatoriamente a realizar ejercicio en un horario que coincidiera con su cronotipo o en uno que no, entre las 08:00 y las 11:00 horas o entre las 18:00 y las 21:00 horas. Se les pidió que realizaran cinco sesiones de ejercicio aeróbico supervisado de intensidad moderada, cada una de 40 minutos de duración todas las semanas por 12 semanas.
En total, 134 participantes completaron las 60 sesiones: 70 eran madrugadores, de los cuales 34 habían sido emparejados con su cronotipo; 64 eran noctámbulos, de los cuales 30 habían sido emparejados con su cronotipo.
La presión arterial, la variabilidad de la frecuencia cardiaca, la glucosa en ayunas, el VO2 max (consumo máximo de oxígeno durante el ejercicio), los niveles de colesterol malo LDL y la calidad del sueño se midieron antes del inicio del ensayo y 3 días después de su finalización.
El análisis de los resultados mostró que los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares, la capacidad aeróbica y la calidad del sueño mejoraron en ambos grupos después de 12 semanas.
Sin embargo, combinar el ejercicio con el cronotipo produjo mayores mejoras en la presión arterial, la función autonómica, la capacidad aeróbica, los marcadores metabólicos y la calidad del sueño que el ejercicio no combinado.
Estas mejoras fueron especialmente notables en la calidad del sueño (un aumento de 3.4 puntos en comparación con 1.2) y en la presión arterial sistólica (el valor más alto de las dos cifras en una lectura).
La cifra descendió en 10.8 mm Hg en aquellos cuyas sesiones de ejercicio se habían adaptado a su cronotipo, en comparación con un descenso de 5.5 mm Hg entre aquellos cuyas sesiones de ejercicio no se habían adaptado.

La dimensión de la presión arterial sistólica fue aún mayor entre quienes ya padecían hipertensión: su presión arterial sistólica disminuyó en un promedio de 13.6 mm Hg, en comparación con los 7.1 mm Hg de aquellos cuyas sesiones de ejercicio no habían coincidido.
Si bien se observaron mejoras en ambos cronotipos, en general, los efectos fueron mayores entre las personas madrugadoras que entre las noctámbulas.
Los investigadores reconocieron que los participantes del estudio procedían únicamente de hospitales gubernamentales de Lahore y que se excluyó a aquellos cronotipos intermedios, lo que puede limitar la aplicabilidad general de los hallazgos.
Sin embargo, señalan que lo que encontraron coincide con lo de otros estudios, refieren que la investigación se suma a un creciente conjunto de pruebas que sugieren que el momento en que se realiza ejercicio cuando está alineado con el reloj biológico interno de una persona, puede mejorar significativamente los resultados de salud.
Alinear el ejercicio con el cronotipo puede sincronizar de forma más eficaz los relojes periféricos del músculo esquelético, el tejido adiposo y la vasculatura, mejorando la eficiencia metabólica y reduciendo la inflamación, dos factores cruciales para la salud cardiometabólica.
Concluyen que integrar el principio del cronoejercicio programando los entrenamientos según el reloj biológico interno de cada persona, puede ofrecer un enfoque novedoso y eficaz para mejorar los resultados en la prevención de la salud cardiovascular y metabólica.
En general, el estudio respalda un cambio hacia prescripciones de ejercicio más personalizadas y basadas en el ritmo circadiano en la atención cardiovascular de rutina.


