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El riesgo de padecer hígado graso aumenta principalmente a partir de los 40 años, especialmente en personas con obesidad, diabetes o antecedentes familiares. Detectar sus primeros síntomas puede ser difícil, pues suelen ser leves o inexistentes en etapas iniciales.

¿Qué es el hígado graso y cuándo preocuparse?

La esteatosis hepática, conocida como hígado graso, es una enfermedad que se presenta cuando se acumula grasa en las células hepáticas. En México, su frecuencia ha crecido debido al aumento del sobrepeso, la diabetes y el sedentarismo.



Especialistas señalan que el riesgo se incrementa notablemente entre los 40 y 50 años, sobre todo en personas con factores metabólicos como obesidad, hipertensión o antecedentes familiares de enfermedad hepática.

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Primeros síntomas del hígado graso

En sus etapas iniciales, el hígado graso suele ser asintomático. Cuando aparecen señales, suelen ser inespecíficas, como fatiga persistente, molestias leves o dolor en la parte superior derecha del abdomen.

Otros síntomas pueden incluir cansancio inexplicable, dolor que se irradia hacia la espalda o el hombro derecho, náuseas leves y pérdida de apetito. Por estas características, el diagnóstico suele realizarse mediante estudios de laboratorio o ultrasonido realizados por otras razones.

Signos de alerta en etapas avanzadas

Cuando la enfermedad progresa y se presenta inflamación severa o cicatrización del hígado, pueden surgir síntomas más graves como ictericia (coloración amarilla en piel y ojos), hinchazón abdominal y en tobillos por retención de líquidos, picazón intensa, orina oscura y heces claras.

Ante estos signos, es fundamental buscar atención médica inmediata, ya que indican daño hepático avanzado.

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Factores de riesgo y prevención

Entre los principales factores que favorecen el desarrollo del hígado graso están la obesidad, resistencia a la insulina, consumo elevado de alimentos ultraprocesados, falta de ejercicio y antecedentes familiares.

La Secretaría de Salud destaca que entre 60% y 80% de pacientes con diabetes tipo 2 en México también presentan hígado graso, complicando el manejo de ambas enfermedades.

Otros factores que aumentan el riesgo incluyen síndrome de ovario poliquístico, hipotiroidismo, apnea obstructiva del sueño y ciertos medicamentos. Además, el hígado graso eleva el riesgo cardiovascular, principal causa de muerte en estos pacientes.

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Diagnóstico y recomendaciones

El diagnóstico se realiza mediante ultrasonido hepático y pruebas de función hepática. El IMSS recomienda realizar estos estudios en personas con obesidad, diabetes o antecedentes familiares, incluso sin síntomas.

En casos dudosos o con sospecha de daño avanzado, la biopsia hepática es el método definitivo, aunque se reserva para situaciones específicas.

Para reducir el riesgo, se aconseja mantener un peso saludable con dieta equilibrada y ejercicio regular, evitar el consumo excesivo de alcohol y realizar chequeos médicos periódicos, especialmente si existen factores de riesgo.

La vigilancia debe comenzar desde los 40-50 años en la población general, pero quienes tengan obesidad, diabetes, hipertensión o antecedentes familiares deben iniciar controles desde etapas más tempranas, incluso en la adolescencia.



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Comunicóloga por la UNAM. Redactora de temas de bienestar general. Apasionada del mundo digital, soy geek, metalera, petfriendly. Fan de las pelis de terror y el anime. Una de mis frases favorita es: "Yo solo sé que no sé nada” de Sócrates. MÁS DEL AUTOR

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