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Si bien se asocia la creatina al ejercicio, siendo uno de los compuestos más estudiados en la ciencia del deporte, pero lo que muchos no saben es que el cerebro funciona con una química muy similar a la de los músculos y que la energía que la creatina ayuda a proporcionar puede ser tan importante para la cabeza como para el cerebro.

Una exhaustiva revisión internacional liderada por la Universidad de Ottawa, Canadá, publicada en Brain Medicine, plantea la relación entre el compuesto y los mecanismos que regulan el estado de ánimo.



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Las primeras conclusiones abren una ventana a una nueva forma de entender la salud mental, conectando la energía física con los procesos químicos que sostienen las emociones.

El equipo de la revisión, liderado por Bassam Jeryous Fares, de la casa de estudios canadiense, recopiló la literatura existente al respecto; para ello seleccionaron seis informes publicados que describían cinco ensayos controlados aleatorizados, el tipo de estudio en el que ni el paciente ni el médico saben quién recibió el compuesto real y quién un placebo.

Los ensayos se llevaron a cabo en cinco países: Corea del Sur, Estados Unidos, Brasil, Israel e India. En total reclutaron a 238 participantes al inicio del estudio. Ciento veintiséis con creatina y 112 con placebo. La edad promedio era de 36 años, siendo la mayor parte de los participantes mujeres, mientras que dos de los ensayos reclutaron exclusivamente a mujeres.

Cuatro de los ensayos estudiaron el trastorno depresivo mayor. Otro estudió a personas con trastorno bipolar que estaban atravesando un episodio depresivo. Debido a las grandes diferencias en el diseño de los estudios, los autores no agruparon los datos en una sola estadística. En cambio, los resumieron de forma narrativa, dejando que cada ensayo hablara por sí mismo.

creatina
La creatina muestra un potencial aún incierto ante la depresión. | Foto: Pexels.

Dos de los cinco estudios, derivados del mismo estudio de mujeres con trastorno depresivo mayor, encontraron un beneficio real. Cuando se añadieron cinco gramos de creatina al día al antidepresivo escitalopram, los síntomas depresivos disminuyeron más que con placebo tras ocho semanas.

El efecto fue considerable según los parámetros estadísticos habituales, con una d de Cohen de 1.13 en la Escala de Clasificación de Depresión de Hamilton y más mujeres alcanzaron la remisión. En otro ensayo se combinó la creatina con la terapia cognitivo-conductual y se observó una disminución más pronunciada de los síntomas en un cuestionario estándar que la producida por la terapia más placebo.

Los tres ensayos restantes no arrojaron resultados; uno no observó ningún efecto de la creatina a dosis de cinco y diez gramos, en personas que ya no habían respondido a la medicación. Otro que probó varias dosis en adolescentes no halló diferencias con respecto al placebo.



El último analizó a las personas con trastorno bipolar en un episodio depresivo y de nuevo no se encontró ningún beneficio terapéutico; peor aún, dos de esos pacientes bipolares tomaban creatina desarrollaron hipomanía o manía, un claro recordatorio de que el mismo compuesto puede comportarse de manera muy diferente según el diagnóstico.

Señalar que estudios en personas con trastornos del estado de ánimo han encontrado alteraciones en el metabolismo de la creatina en el cerebro, y se ha propuesto que la producción deficiente de energía es una de las causas de la depresión.

La creatina podría influir en las vías que regulan la dopamina y la serotonina, los neurotransmisores a los que se dirigen la mayoría de los antidepresivos. Los autores, siendo cautelosos, señalan que la relación entre la creatina cerebral y el estado de ánimo sigue siendo correlacional, no una relación de causa y efecto probada, y que la biología de la depresión tiene muchos factores interrelacionados.

Bassam señala que la señal es interesante, pero no es un veredicto, y añade que dos ensayos apuntaron en una dirección y tres en otra y ese no es el tipo de evidencia que justifica un cambio en la práctica clínica, siendo el tipo de evidencia que indica que la cuestión merece una mayor investigación.

Para Nicholas Fabiano, autor principal, la creatina parece ser una intervención segura. Los efectos adversos que encontraron se limitaron a leves molestias gastrointestinales y añade que todavía no pueden afirmar con certeza que el compuesto ayude con los síntomas depresivos, ni si los hallazgos son generalizables a toda la población.

Y si bien esta revisión no pretende zanjar la cuestión ya que los autores señalan que los estudios tuvieron limitaciones.

Lo que se pide es un trabajo más riguroso con ensayos más amplios, de mayor duración, estudios que prueben la creatina junto con el ejercicio y que exploren dosis más altas, teniendo en cuenta que más no siempre es mejor.

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Licenciado en Comunicación por la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, se desempeña en la redacción de notas y contenidos informativos sobre turismo, salud, tecnología y otros temas de interés general. MÁS DEL AUTOR

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