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Si bien se puede creer que cada persona controla lo que come, sus sentidos influyen constantemente en lo que compran y en la cantidad de lo que consumen, por lo que te ayudaremos a que puedas usar esto a tu favor.

Charles Spence, psicólogo de ciencias alimentarias de la Universidad de Oxford, Reino Unido, señaló que todos piensan que se saborea en la boca. Parece que de ahí proviene el sabor, pero todos los demás sentidos están involucrados.



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De hecho, incluso antes de probar algo el cerebro hace suposiciones de la comida, sobre cómo se ve, suena, se siente o huele, algo que sucede sin que las personas se den cuenta.

La avalancha de información que reciben los ojos, oídos, dedos y nariz juega un papel crucial no sólo cuando se disfruta la comida, sino también en cuánto se termina comiendo.

La BBC señala que los humanos están lejos de ser comedores racionales; las señales sensoriales pueden influir fácilmente en las selecciones, pero las investigaciones muestran que se puede utilizar esa comprensión para “hackear” los sentidos y comer más saludablemente.

1. Cuidado con los envases brillantes

Cuando se compra los ojos juegan un papel importante en las decisiones que se toman; el color de un paquete, el logotipo de una marca e incluso el brillo del empaquetado preparan al cerebro para saber qué esperar de la comida que contiene y cuando la comida destaca visualmente resulta más atractiva.

Al respecto, un estudio encontró que los participantes seleccionaban fotografías de alimentos saludables significativamente más a menudo cuando se realzaban los colores, incluso cuando había una opción no saludable justo al lado.

Esto aprovecha un concepto conocido como “sesgo de prominencia”, lo que significa que la atención se dirige a los elementos que son más llamativos.

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La presentación en los platos también influye en cuánto se anticipa que se disfrutará una comida. | Foto: Pexels.

También se evalúan las propiedades saludables de los alimentos según el color del envase, según Betina Piqueras-Fiszman, profesora asociada de marketing y comportamiento del consumidor en la Universidad de Wageningen, en Países Bajos.

Explica que los productos marrones, verdes y blancos tienden a considerarse más saludables, mientras que los rojos, amarillos y morados o incluso objetos brillantes suelen asociarse con ingredientes más indulgentes.

Una forma de contrarrestar este sesgo en casa sugiere Spence es guardar las galletas y otros dulces con envases de colores llamativos en un frasco opaco. Algo que ayudaría a proteger a las personas de las señales visuales.

2. Evita la tentación

Es importante tomar en cuenta la posición de los alimentos en los estantes, ya que se tiende a tomar atajos y preferir los productos que están más cerca o directamente a la vista, algo que se conoce como el principio del mínimo esfuerzo, algo que los minoristas pueden aprovechar para influir en las compras.

Los supermercados suelen colocar los productos “más tentadores” cerca de las cajas y los más caros a la altura de los ojos, lo que puede llevar a las personas a adquirir y consumir productos que no se tenía intención de comprar.

En el caso de Inglaterra, cita la BBC, se prohibieron los alimentos con altos contenidos de grasas, sal y azúcar cerca de las cajas, mientras que muchos países europeos han introducido etiquetas que informan a los consumidores sobre las propiedades de los alimentos.

Algo que puede ayudar a los consumidores a tomar decisiones más saludables, por ejemplo, al retirar de las cajas los refrigerios poco saludables, como los dulces se reduce la tentación de comprar impulsivamente.

Otras investigaciones han demostrado que al colocar fruta cerca de la caja anima a los consumidores a comprar más.

Por lo que se recomienda que al hacer las compras vale la pena mirar los estantes menos visibles para mirar las opciones de alimentos que se encuentran ahí.

3. Come en platos más pesados

No sólo los ojos influyen en la experiencia con la comida ya que la forma en que se sirve también importa.

Cuando los postres se sirven en platos blancos redondos suelen percibirse como más dulces que cuando se sirven en un plato negro angular. Un efecto similar se observa con la forma de los envases. La gente prefiere envases redondeados a los angulares.

Spence señala que el sabor es una construcción multisensorial de la mente, más que una simple percepción sensorial en la boca.



El peso del plato puede influir en la sensación de saciedad después de una comida.

Un estudio reveló que los consumidores creían sentirse más satisfechos al comer en un recipiente más pesado incluso antes de probar la comida, aunque los investigadores no midieron la saciedad real de los participantes.

Otras investigaciones demostraron que si percibimos la comida como más abundante, también las personas se sienten más llenas.

Los cubiertos más pesados también tendrían un efecto positivo en cómo se percibe el sabor de la comida. Según un estudio algunos comensales se sentían más satisfechos con una comida cuando los cubiertos eran más pesados.

4. Presentación más atractiva

La presentación en los platos también influye en cuánto se anticipa que se disfrutará una comida, y puede hacer que los alimentos bajos en calorías resulten más apetecibles.

De hecho en un estudio se preparó una ensalada para que pareciera una pintura de Kandinsky, lo que llevó a los participantes a calificar la comida como más sabrosa y a pagar más por los mismos ingredientes debido a la presentación.

Spence sugiere entonces el añadir una gran variedad de hojas y verduras coloridas al plato, algo que aumentará su atractivo y la percepción de frescura.

5. Reproducir música más lenta

El sonido es un ingrediente que puede usarse para cambiar los hábitos alimenticios, concepto que se denomina “condimentación sonora”. La música lenta, por ejemplo, puede hacer a la gente comer más despacio, a su vez, esto puede resultar en una menor ingesta de calorías.

Incluso se puede modular el dulzor o amargor de un alimento. La música de tono agudo se asocia con lo dulce, mientras que la de tono grave resalta lo amargo, haciendo incluso que alimentos dulces como un caramelo sepan más amargos.

El evitar distracciones como la televisión o el móvil mientras se come también puede reducir la ingesta de calorías.

Mientras que escuchar sonidos de la naturaleza puede impulsar a tomar decisiones alimentarias más sostenibles.

6. Agrega volumen al plato con alimentos saludables

El jugar con la estructura de los alimentos puede reducir drásticamente la cantidad de calorías que se consumen, una forma de lograrlo es manteniendo el mismo tamaño de porción, pero reduciendo la densidad energética o calorías de los alimentos.

Estudios señalan que tendemos a comer el mismo volumen de comida, independientemente de las calorías que contenga.

Barbara Rolls, profesora de ciencias de la nutrición en la Universidad Estatal de Pensilvania señala que si se reduce la densidad energética de esa cantidad de comida seguirás teniendo porciones satisfactorias, pero se consumirán menos calorías.

La profesora descubrió que las personas se sentían igual de saciadas cuando la densidad energética de las comidas se reducía hasta en un 25% al añadir puré de verduras como coliflor y espinacas. Como el volumen y el sabor se mantienen iguales los participantes no notaron el cambio y se sintieron igual de saciados, a pesar de consumir menos calorías.

7. Cuidado con el efecto de “estómago del postre”

Spence señala que es importante comprender que las señales externas a menudo no influyen en la sensación de saciedad. Rara vez se come porque se tiene mucha hambre. Normalmente estimula lo que se ve, huele o escucha.

Llama a considerar el efecto “estómago del postre”, investigadores han descubierto que con solo ver el postre se puede desear, incluso cuando ya se está lleno.

En concreto, queda claro que se puede mejorar la alimentación prestando atención a todos los sentidos.

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Licenciado en Comunicación por la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, se desempeña en la redacción de notas y contenidos informativos sobre turismo, salud, tecnología y otros temas de interés general. MÁS DEL AUTOR

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