Pequeños cambios en la rutina diaria durante el embarazo podrían tener un impacto relevante en la salud materna; esto de acuerdo con un estudio que ha analizado cómo la actividad física, el descanso y el tiempo sentado influyen en el riesgo de complicaciones.
Las mujeres que realizan actividad física ligera y reducen su tiempo de sedentarismo pueden disminuir significativamente el riesgo de sufrir problemas de salud importantes durante el embarazo, según un estudio dirigido por la Universidad de Iowa, Estados Unidos.
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Para él, los investigadores analizaron los comportamientos diarios de 470 mujeres embarazadas (en todas las etapas de embarazo). Cada participante llevaba un monitor que medía la actividad física en ciclos de 24 horas y otro monitor que registraba el tiempo que pasaban durmiendo. Hallazgos que se publicaron en ‘Journal of the American Medical Association’.
Basándose en los datos de observación recopilados de las participantes en el estudio, los investigadores proponen una guía similar al “Día de Ricitos de Oro” para mujeres embarazadas que podría reducir en casi 30% el riesgo de desarrollar trastornos hipertensivos del embarazo (THE), complicaciones comunes del embarazo que incluyen hipertensión crónica, hipertensión gestacional y preeclampsia.
Las recomendaciones son: reducir el tiempo de sedentarismo a menos de ocho horas diarias, realizar actividad física ligera durante al menos siete horas al día, realizar aproximadamente 22 minutos de actividad física moderada a vigorosa (como por ejemplo caminata a paso ligero) cada día, dormir casi nueve horas cada noche.

La profesora asociada al Departamento de Salud, Deporte y Fisiología Humana de Iowa y autora principal del estudio, Kara Whitaker, señala que están identificando la composición óptima de comportamientos de movimiento a lo largo del día asociada con el menor riesgo de desarrollar trastornos hipertensivos del embarazo y los mejores resultados de salud. Añade que este patrón se aplica a todos y cada uno de los trimestres del embarazo.
Las participantes del estudio fueron reclutadas en centros de investigación de Iowa City, Iowa, Pittsburgh y Morgantown, Virginia Occidental. De ellas, cuatro de cada cinco eran caucásicas no hispanas y casi una cuarta parte residían en zonas rurales; ellas usaron los monitores de actividad y sueño durante al menos una semana en cada trimestre del embarazo.
Los datos mostraron un marcado aumento del riesgo de THE en mujeres embarazadas que permanecían sedentarias durante más de diez horas al día. Por el contrario, las mujeres que aumentaron su actividad física ligera a al menos cuatro horas diarias redujeron su riesgo de THE del 30 al 15%.

Algo que sorprendió a los investigadores fue descubrir que las participantes que realizaban actividad física moderada a vigorosa no mostraron ningún beneficio apreciable con duraciones más prolongadas, mientras que dormir más allá de cierta duración tampoco produjo beneficios importantes.
Whitaker afirma que a través del estudio aportaron pruebas de que reducir el sedentarismo y realizar actividad física ligera son importantes y quizás incluso más importantes en lo que respecta al embarazo y la salud.
Menciona que es importante saber qué combinación de comportamientos tiene el mayor impacto en la salud de las mujeres durante el embarazo, ya que las investigaciones clínicas han demostrado que las mujeres que desarrollan THE tienen más del doble de probabilidades de desarrollar enfermedades cardiacas más adelante en la vida.
Concluye que se sabe que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de fallecimiento en las mujeres y, si se puede intervenir durante el embarazo y evitar que las mujeres desarrollen un THE las estarán encaminando hacia una mejor trayectoria, alejándolas de las enfermedades cardiovasculares y acercándolas a una salud cardiovascular más óptima.


